Lo conseguimos, somos campeones del mundo por segunda vez en nuestra historia. Han tenido que pasar dieciséis años para que nuestro país reine de nuevo a lo largo y ancho del Planeta Fútbol, pero sabemos sobradamente que todo lo bueno se hace esperar. Fin de dicha espera, España es campeona del Mundial 2026, y se lo debemos a un fenomenal grupo que está marcando otro ciclo inolvidable liderado por Luis de la Fuente. Sin olvidarnos nunca del jugador número 12, una afición que se ha dejado el alma arropando a nuestros representantes.
Los Lamine Yamal, Ferran Torres, Unai Simón, Rodri, Pedri, Pedro Porro, Laporte, Dani Olmo, Oyarzabal, Mikel Merino, Cucurella, Álex Baena, Pau Cubarsí, y el resto de componentes, ya forman parte de las páginas más privilegiadas pertenecientes a la historia de nuestra selección, habiéndose puesto a la altura de aquella mítica y no tan lejana generación liderada por Luis Aragonés y Vicente Del Bosque, y con los nombres de Iker Casillas, Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Xabi Alonso, Carles Puyol, David Silva, Sergio Ramos, Cesc Fábregas, David Villa, Fernando Torres y el resto de integrantes de aquella eterna selección, brillando con letras doradas.
Y es que La Roja es campeona del mundo sencillamente porque fuera del campo, nuestros futbolistas son una segunda familia, y sobre el terreno de juego, una unidad perfectamente compenetrada y equilibrada. España vuelve a ser la mejor selección del Planeta Fútbol, y no hay prueba más evidente que la conquista de un Mundial. La Eurocopa 2024 supuso una maravillosa y excelsa antesala de lo que estos muchachos pretendían conseguir y han logrado, alzar con toda justicia el trofeo más deseado del juego más popular perteneciente a La Tierra. Próxima parada, la Eurocopa 2028.
Respecto a la Gran Final del Mundial, solamente existió una selección, La Roja. España optó por el juego, la valentía, la paciencia, el orden y la persistencia. Argentina, la finalista más triste vista en la historia de los mundiales, escogió lo contrario, no jugar a nada, parar el encuentro con faltas continuas, mostrar una de las conductas más antideportivas vista alguna vez, y encomendarse a un Leo Messi genialmente vigilado que se marchó con la plata bajo el brazo y como el único jugador indultado por su gente, si exceptuamos al Dibu Martínez bajo palos, claro. ¿Será el último baile de La Pulga con su selección? El propio Messi responderá a esa cuestión llegado el momento.
España fue dueña y señora de la Final. Únicamente el Dibu Martínez mantenía a los de Lionel Scaloni en el partido. Durante la primera mitad, desbarató el remate de Lamine Yamal tras una gran pared con Dani Olmo, y más tarde, el intento de Oyarzabal. Pudo desequilibrar Cucurella con su zurdazo llegado el minuto 43, pero el cuero se marchó cerca del poste izquierdo.
Misma situación durante el segundo acto. Estando Messi estrechamente vigilado, La Roja debía lidiar con el guardameta argentino, que ya fuera con seguridad o teniendo problemas, lo paraba todo. Álex Baena, Dani Olmo y Pau Cubarsí no tuvieron éxito en sus respectivos lanzamientos, los cabezazos de Ferran Torres y Laporte tampoco surtieron efecto, y el chut de Rodri se perdió por encima del larguero.
La Roja de Luis de la Fuente tuvo una opción a balón parado en el 90+8, con Lamine Yamal ejecutando la falta magistralmente, sin embargo, el Dibu Martínez respondió con un fantástico paradón. Cinco minutos antes, Enzo Fernández fue expulsado con doble amarilla por una infracción temeraria sobre Pau Cubarsí. Ello supuso el principio del fin para una Argentina que no chutó entre palos durante 122 minutos. No hace falta decir nada más.
La primera parte de la prórroga tuvo de todo. Otro paradón del Dibu Martínez al cabezazo de un revolucionario Nico Williams tras el gran centro de Pedri, un gol incomprensiblemente anulado al propio Nico Williams, y un cabezazo picado de Mikel Merino tras centro magnífico del persistente Nico Williams que se fue lamiendo el poste izquierdo. El gol de España se mascaba y debía llegar.
Hasta que por fin, al comienzo de la segunda parte de la prórroga, llegado el minuto 106, se hizo justicia. Pedro Porro centró desde la derecha hacia el segundo palo, Nico Williams impidió que el balón se perdiera y la puso de cabeza con el alma a Ferran Torres, que sin dejarla botar, fusiló para que el nombre de España se escribiera con letras doradas por segunda vez en la historia de los mundiales.
Nico Williams tuvo la ocasión de redondear sus magníficos minutos con un gol que hubiese dado carpetazo a la Final, pero se hizo un lío cuando parecía lo único imposible que sucediera. Dio lo mismo, tanto como el mini empuje final y banal de una Argentina inoperante que, de no contar con Leo Messi, probablemente habría sido eliminada mucho antes. Poco importó también dicho suponer. España ha regresado al trono del deporte rey con absoluta y global justicia.
VIVA ESPAÑA.