La selección canadiense entró en la historia gracias a su primer empate logrado en una cita mundialista, pero al mismo tiempo dejó escapar la oportunidad para colorear de dorado dicha página. El 1-1 cosechado frente a Bosnia-Herzegovina se antoja insuficiente, especialmente visto el esfuerzo de uno y otro.
En el estadio BMO Field de Toronto ante 43002 espectadores, Canadá fue mucho mejor que el combinado de Sergej Barbarez, pero le faltó lo que su oponente precisamente tuvo, suerte. Por su parte, Bosnia-Herzegovina, tras adelantarse en el marcador, infravoloró a la selección dirigida por Jesse Marsch, lo cual le costó dos puntos, y gracias.
Pocos fueron los errores que la anfitriona Canadá cometió en el partido de su presentación, pero esto es el Mundial, cualquier pifia puede suponer un alto coste, y los canadienses lo comprobaron al minuto 21. Basic botó un córner, el guardameta Crepeau se tragó la prolongación de Kolasinac, y Lukic cabeceó a placer. En el deporte rey, el gol es Dios.
No se desanimó Canadá pese a todo, arrinconando a su rival una y otra vez, pero la mínima ventaja bosnia resistió hasta el descanso. Mismo guión durante la segunda mitad, Bosnia-Herzegovina se creía con los deberes prácticamente hechos, e incluso la madera parecía darle la razón. Sin embargo, el combinado de Jesse Marsch no desistió, mostrando un nivel prometedor.
Y tanto va el cántaro a la fuente…que llega el gol. Corría el 78 de juego, cuando Cyle Larin recibió de Promise David dentro del área, se giró, y sin dejarla botar conectó un chut de mucha clase para llevar el delirio a la hinchada canadiense.
El mismo Larin pudo haber logrado que él y los suyos fueran sacados a hombros del estadio, pero Bosnia-Herzegovina compensó defensivamente aquello que le faltó ofensivamente, y como casi todas las veces anteriores, frustró el intento de su rival, teniendo como consecuencia que el 1-1 prevaleciera. No fue lo que dijo el juego, pero sí los goles.