No basta con ser irregular, hay que echarle un par si pretendes hacerte oír en calidad de visitante. El Levante UD dio en La Rosaleda frente al Málaga CF una imagen compuesta por luces y sombras. Igual que en ciertos momentos transmitía la sensación de poder ganar en un estadio que todavía no ha conquistado, en otros directamente le temblaba el alma.
El remate de Aïssa Mandi que Alfonso Herrero se encontró, y el autogol que Manu Sánchez estuvo a punto de hacer, son prueba clara de ambas y respectivas situaciones. Por otro lado, Matthew Ryan de nuevo estuvo ahí, parando un penalti muy mal lanzado por Chupe que fue provocado absurdamente por Nacho Pérez, y evitando que su equipo encajara un gol en propia meta.
Luis Castro tiene trabajo. Sus jugadores no pueden salir al campo mostrando una irregularidad equivalente a jugar con fuego, los partidos se ganan yendo hacia delante, no teniendo miedo al balón ni conservando un 0-0 que, sin ser del todo malo, tampoco es para sentirse orgulloso. La actitud a domicilio debe mejorar, y cuanto antes.
MACHO LEVANTE