Si hay algo que debe reconocérsele a Argentina, aparte de Messi, es su casta de manual. Es cierto que también habría que preguntarle a Inglaterra por qué reculó justo cuando mejor se le pusieron las cosas, pero el demérito británico no puede ni debe servir de justificación ante el mérito argentino. La selección de Lionel Scaloni, con Messi de faro, volvió a remontar un marcador adverso, se impuso por 1-2, y se ganó el derecho de jugar su tercera Gran Final en los últimos cuatro mundiales. Ahí es nada.
Lo que resultó increíble respecto a la eliminatoria, es que durante la batalla campal en forma de primer periodo se viesen algunas ocasiones. Stones cabeceó fuera una falta botada por Declan Rice, el Dibu Martínez evitó que Elliott Anderson abriese el marcador, y Enzo Fernández se quedó cerca de hacer lo propio con su cañonazo.
El descanso sirvió para que ambas selecciones recordaran lo fundamental para ganar, osease, atacar y marcar. Así lo hicieron. Pickford se hizo gigante frente al latigazo de Julián Álvarez, mientras que en la siguiente jugada, un pelotazo en largo y un mal despeje de chilena por parte de Tagliafico, permitieron a Rogers hacerse con el balón y poner un centro impecable, tanto que Gordon prácticamente solo tuvo que empujar.
Fuera por la austeridad inglesa, o por la reacción argentina, el combinado de Thomas Tuchel quedó acorralado frente a la persistencia de la selección sudamericana. Aparte del chut de Declan Rice detenido por el Dibu Martínez, no hubo noticias de Inglaterra. Spence evitó el remate de Giuliano Simeone, Pickford se lució frente al cabezazo abajo de Nico González tras centro fantástico de Messi, Mac Allister se topó con el poste tras conectar otro cabezazo precedido al centro impecable de Rodrigo De Paul, y Pickford desbarató el siguiente remate con exactamente los mismos protagonistas.
Siguió insistiendo Argentina, con Messi volviendo a centrar magistralmente y Nico González cruzando excesivamente su remate de cabeza, y Enzo Fernández poniendo una vez más a prueba los reflejos de Pickford. Sin embargo, en la siguiente acción, Messi aguantó frente a su marcador y asistió a un Enzo Fernández cuyo nuevo trallazo resultó imparable para el cancerbero inglés. Argentina igualaba un choque cuya segunda mitad también trajo encontronazos.
Lejos de conformarse con las tablas, y aprovechando el aturdimiento de una Inglaterra decepcionante, Argentina se lanzó sin pensarlo dos veces en busca del tanto del triunfo. Mac Allister no pudo lograrlo con su chutazo, ya que la madera le tuvo bien fichado, sin embargo, la jugada continuó, y el balón llegó hasta Messi, que tras alzar la vista y divisar a Lautaro Martínez, envió un centro melodioso para que su compañero cabeceara de forma imperial el definitivo 1-2.
Argentina parece tener el don de las remontadas de su parte. Cuando peor pintan las cosas para la selección dirigida por Lionel Scaloni, saca la casta que lleva dentro y da la vuelta a la tortilla. La magia de Messi, la calidad de jugadores como Enzo Fernández, Julián Álvarez o Rodrigo De Paul, la efectividad de Lautaro Martínez, el buen hacer de Mac Allister, la seguridad ofrecida por Lisandro Martínez en el eje defensivo, y por el Dibu Martínez bajo palos.
Todos estos baluartes mencionados en párrafo anterior, representan alicientes lo suficientemente efectivos como para permitir a la selección sudamericana disputar su tercera final mundialista en cuatro ediciones. No es algo que se logre todos lo días, aunque sobra decir que si llegas a la Final de un Mundial, únicamente existe un objetivo, y es el de coronarse como la mejor del Planeta Fútbol. Justamente lo que Argentina persigue.
**Eliminatoria disputada en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, con una asistencia de 68239 personas.