Argentina sabe perfectamente que tiene una bendición de nombre Leo Messi, alguien que con 39 años juega como si recientemente hubiese cumplido los 30 o menos. Lo de La Pulga no parece de este mundo, ni siquiera de nuestro sistema solar, pues posee la capacidad de cambiar drásticamente el curso de un partido y sin prácticamente ayuda.
Egipto pudo comprobarlo en primera persona. Cuando más hundida estaba la selección de Lionel Scaloni, apareció el alienígena con forma humana para, en cuatro minutos, centrar y marcar como solamente él sabe, y colocar un 2-2 que en muchísimas otras eliminatorias hubiese sido impensable. Pero se trata de Leo Messi, aquel que transforma lo imposible en posible.
Que la actual campeona del mundo no es la de hace cuatro años resulta evidente. En aquel entonces cada jugador se sentía parte de un todo, no eran Messi y otros diez, sino un combinado magníficamente conjuntado, razón por la que alzaron el Mundial 2022. La Argentina de hoy por el contrario, recuerda a la del 2014 y 2018, dependiendo excesivamente de lo que El Número 10 haga o deje de hacer. Una mala señal sin duda.
La selección de Hossam Hassan, consciente de que su rival pasó las de Caín en Dieciseisavos, salió mirándolo a los ojos. Argentina no debió de soportar tan intensa mirada, puesto que durante el primer cuarto de hora parecía aturdida, sin embargo, Egipto la despertó cuando un centro magnífico de Attia desde la parte derecha, permitió a Ibrahim saltar y conectar un cabezazo al ángulo opuesto imposible de detener.
Los de Lionel Scaloni despertaron de su trance y buscaron empatar lo antes posible, encomendándose al de siempre, un Messi que seis minutos después del gol egipcio, erró una pena máxima, o más bien Shobeir estuvo espléndido. Cualquier otro futbolista sería cuestionado a la hora de volver a lanzar desde los once metros, pero hablamos de Messi.
Argentina siguió intentándolo, con Shobeir volviendo a acaparar los focos con otro paradón, esta vez a Mac Allister de cabeza. Messi buscó redimirse de falta directa, pero el poste no fue partidario, y su siguiente chut se marchó arriba. Shobeir se lució una tercera vez negándole el gol a un Julián Álvarez que falló de nuevo en la última clara del primer periodo.
El guardameta egipcio terminó la primera mitad siendo protagonista, y comenzó la segunda exactamente igual, con otra intervención ante Rodrigo De Paul. Superado el primer cuarto de hora, Enzo Fernández estuvo a punto de empatar, pero quien golpeó de nuevo fue Egipto. Un fenomenal contragolpe sirvió para que Hassan sirviera el pase de la muerte a Ziko, que la mandó a guardar.
Argentina parecía ko con un 0-2 en contra que hubiese hecho bajar los brazos a muchísimos oponentes, pero las ventajas de contar con un extraterrestre en tus filas son numerosas. Corría el 79 de juego, cuando Messi hizo magia con su zurda poniendo un centro impecable cerca del punto de penalti, lo que permitió al Cuti Romero cabecear suficientemente potente como para que Shobeir, que llegó a tocar el balón, no pudiese evitar el primer tanto argentino.
El gol espoleó a una Argentina que entre los minutos 82 y 83, perdonó el empate con Lautaro Martínez de protagonista, y finalmente logró igualar. Un centro desde la parte izquierda fue mal despejado, y el balón le cayó al menos indicado para Egipto, un Leo Messi que conectó tamaña volea con la zurda que el esférico impactó en el travesaño antes de alojarse. Golazo mayúsculo.
Shobeir estuvo fantástico para impedir que Argentina culminara la remontada en el 89 de partido, y Egipto no aprovechó su contragolpe en el 90+1. Entonces, llegó la jugada del delirio argentino. En un contragolpe de manual, Rodrigo De Paul, por indicación del mismísimo Leo Messi, envió el balón hacia la parte derecha, donde aguardaba un Lautaro Martínez que sorprendió a todo el campo, primero deteniéndose, y acto seguido realizando un centro exquisito para que Enzo Fernández cabeceara inmaculado al ángulo contrario. 3-2.
Hubiera sido increíble, de no ser porque en la selección de Argentina milita un alienígena capaz de proezas que el resto de futbolistas, los terrestres, no pueden. Debe constar en acta que a Egipto se le anuló un gol tras una contra maravillosa. ¿Pisotón? No digo que no, pero comparado con otros, albergaba opciones de ser pasado por alto, sin embargo, el árbitro entendió que era punible. De lo que no cabe duda, es que esa acción dará mucho de que hablar. Igual que Leo Messi, un ser superior al que no le tiembla el pulso en nada, incluido el desterrar faraones.
**Eliminatoria disputada en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, con una asistencia de 68239 personas.