Países Bajos tiene mucha historia detrás, no en vano hablamos de una selección que se quedó tres veces a las puertas de ser la mejor del mundo. Sin embargo, si pretende que la tomen enserio durante el presente Mundial, mejor ahorrarse la piedad con sus rivales, una piedad que como bien demostró la Japón de Hajime Moriyasu, no recibirá por parte de estos. Ronald Koeman tiene bastantes cosas que explicar respecto a sus cambios, ya que limitaron al combinado neerlandés justo cuando mejor estaba.
Las 69285 personas que acudieron al AT & T Stadium de Arlington, debieron pensar al termino del encuentro que podrían haber llegado justo en el descanso, considerando que más allá de los intentos de Malen, primero con un latigazo y después de cabezazo, junto a las respuestas del guardameta Suzuki, el primer tiempo no ofreció nada. Japón estaba atrincherada y Países Bajos moviendo el cuero sin resultados.
Cómo cambió el panorama durante la segunda mitad. Un centro magnífico de Gravenberch, permitió a Van Dijk abrir la lata de cabezazo ingenioso cuando corría el minuto 51. Japón respondió al 57 con Kubo atrayendo dentro del área hasta a tres contrarios y jugando para Nakamura, que con toda la calma del mundo encontró el pasillo para soltar un latigazo soberbio.
Aunque ambas selecciones demostraron tener mucho gol, era Países Bajos quien cogía cada vez más tono, adelantándose de nuevo llegado el minuto 64. Gravenberch cedió para toda una perla como Sommerville, que desde la parte derecha se internó en el área rival y sacó su zurda a pasear cerca del pico. Imparable para Suzuki.
El combinado neerlandés tenía el encuentro en sus botas, y un tercer gol habría sentenciado la contienda, sin embargo, Ronald Koeman sorprendió para mal, realizando cambios conservadores y restando con ello potencial ofensivo a los suyos. Y como es lógico, Japón no arrendó la ganancia. Hajime Moriyasu optó por la parcela ofensiva, y la jugada le salió redonda.
Corría el minuto 88, cuando Ito botó un córner, Ogawa cabeceó con todo, y la fortuna se puso de su lado. El combinado nipón empataba de nuevo. Países Bajos se desmoralizó y Japón dio por buenas las tablas, con lo que el 2-2 prevaleció, dibujando rostros de satisfacción en los muchachos de Hajime Moriyasu.
Al contrario que en los jugadores neerlandeses, cuyas caras de decepción lo decían todo. Es lo que sucede cuando perdonas a tu rival, y este te asesta una estocada con la que teóricamente no contabas. Países Bajos no puede pasearse por un Mundial sin rematar la faena, no si espera demostrar que tiene potencial para volver a llegar lejos.