Es difícil explicar qué sucedió en el estadio de Anoeta. Empecemos por aquello que, tras lo visto, resulta más obvio. Y es que para el Valencia CF, la sorprendente victoria por 3-4 cosechada en tierras donostiarras, le permite elevar su cuenta a 46 puntos, situándose a dos jornadas del descenso, y pudiendo al fin entonar la frase «Objetivo cumplido».
Sí, Los Che han logrado la salvación matemática, estando aún a tiempo de redondear dicha meta con holgura, aunque no por ello deba pasar desapercibido el hecho de que, en los últimos compases ligueros, parecen sentirse bastante más a gusto jugando a domicilio que en Mestalla.
No obstante, con un Valencia CF normal, dicha situación sería verdaderamente llamativa, pero este equipo, de normal, poco o nada. Sin mencionar que la hinchada valencianista ha destapado la caja de truenos blanquinegra, porque no aguanta más.
Aihen Muñoz fusiló tras una jugada de banda a banda. Javi Guerra recibió de Diego López, tocó, giró sobre sí mismo, y conectó un chut colocado e imposible para Álex Remiro. Hugo Duro y Cömert trenzaron un jugadón que acabó con una picadita en forma de asistencia de este último, para que el delantero definiera al primer toque frente a un blando Álex Remiro.
Ya en el segundo periodo, Sucic, Turrientes, Carlos Soler, Oyarzabal y Pablo Marín protagonizaron una acción en la que César Tárrega, tratando de despejar, introdujo el balón en su propia portería. Poco después, Oyarzabal sentó a un dormido Guido Rodríguez y sirvió un fantástico balón a Óskarsson, que no dudó en fusilar.
Con 3-2 en el marcador, la situación se puso aparentemente irremediable para el Valencia CF, ya que Cömert fue expulsado con roja directa transcurrido el 70 de juego. Sin embargo, cuando Los Donostiarras empezaban a saborear el triunfo, llegó el minuto 89, momento en que Andre Almeida botó un córner que Guido Rodríguez cabeceó magníficamente, cogiendo el balón una altura imposible de alcanzar. Y todavía quedaba lo mejor, visto en el 90+3. Tras recibir de Thierry Rendall, Javi Guerra se vistió de Leo Messi congelando a dos contrarios y ajustando al palo derecho.
Dado que este Valencia CF no es normal en absoluto, lo más sensato es prescindir de buscar explicaciones lógicas respecto a cómo el cuadro de Carlos Corberán ha logrado la salvación matemática reinando en la locura. La solución es contemplar el vaso medio lleno. La permanencia es una realidad, se acabó el padecimiento, llegan días de tranquilidad.
Caso aparte el juicio de Mestalla, que cobrará de nuevo plena relevancia en la última jornada, y que además de implacable, presenta todas las papeletas para convertirse en duradero. Mención especial para cuando acabe la temporada, ya que habrá llegado el momento de que las personas responsables de otra campaña para el olvido, rindan cuentas.