Tras la sorprendente victoria del Espanyol frente al Real Madrid, el Valencia CF afrontaba otra final ante el Celta de Vigo, en la que fallar suponía un castigo bien gordo, ver la salvación de seis a siete puntos de distancia, lo que se hubiera traducido en un verdadero tortazo psicológico. No fue así. Y es que, junto a la fuerza de Mestalla, hay dos jugadores que demostraron creer en el milagro, Luis Rioja y Javi Guerra, protagonistas del primer tanto y del cañonazo que hizo subir el definitivo 2-1, e intercambiando roles en forma de asistentes.
Liderado por ellos, el Valencia CF no permitió que el tanto de Pablo Durán le tumbara. Los de Carlos Corberán supieron reaccionar a la velocidad del rayo, tornando el factor psicológico a su favor. No pudieron dar carpetazo con una tercera diana, pero sí defender la renta conseguida. Mestalla es un plus, no cabe duda, además de que se merecía una alegría como mínimo, tras lo sucedido durante la pasada jornada. El próximo fin de semana llega otra final, exactamente con la misma exigencia, ganar o ganar.