Una locura lo de la Serie A, no vivida desde hace mucho tiempo. Del sexto clasificado, la Juventus, al líder, que de momento sigue siendo el Nápoles, solamente hay dos puntos de diferencia. Es sin duda y actualmente la competición doméstica más vibrante, por encima incluso de sus principales competidoras. Al menos por ahora, el Nápoles prosigue con su mandato albergando 26 puntos, habiendo conseguido el último de ellos empatando 1-1 frente al Inter de Milán en el Giuseppe Meazza. Los de Antonio Conte salieron vivos, pero tuvieron la victoria en la última jugada ofensiva. Giovanni Simeone puede tener pesadillas.
Ambos sabían que la derrota suponía un mazazo de los gordos, motivo más que justificado para salir concentrados al cien por cien. Los de Simone Inzaghi comenzaron dominando, mientras que el conjunto de Antonio Conte permanecía replegado esperando su oportunidad. Pavard y Barella se quedaron muy cerca de adelantar a la escuadra Nerazzurra en el 16 y al 20, pero Buongiorno estuvo más rápido que el primero y el segundo no pudo hacer efectiva su volea lejana. Y llegó el minuto 23, turno para el Nápoles en su primera ocasión clara, con la que atinó. Kvaratskhelia sacó de esquina, Rrahmani prolongó, y McTominay puso la guinda. El Inter quedó aturdido tras el gol, cosa que el Nápoles aprovechó para acomodarse, al tiempo que aumentaba la presión. Fueron los minutos donde Acerbi cogió protagonismo. Primero, no marcando en propia puerta de milagro, y poco después, viéndose superado por el paradón que Meret le sacó, haciendo de paso inútil la delicatessen de Barella en forma de asistencia. Sin embargo, al minuto 43 surgió un protagonista distinto, un tal Çalhanoglu, enorme jugador y experto en chicharros, como demostró ajusticiando a Meret desde treinta metros de distancia. El descanso llegó con empate en el marcador y una incertidumbre que planeaba por Giuseppe Meazza.
El segundo tiempo es digno de dos lecturas distintas. Pues por una parte, es innegable que el Nápoles salió vivo de los dominios del Inter de Milán. Lautaro Martínez no hiló fino a la hora de controlar el balón tras centro al corazón del área realizado por Dumfries, Dimarco se topó con la madera, Meret tuvo que lucirse de nuevo, Çalhanoglu mandó al palo una pena máxima, y el ya mencionado Meret, ascendió a «modo muralla» sacando dos balones con sinónimo de gol a Barella y Lautaro Martínez. Ahora bien, por otra, quizás el Nápoles solamente tuvo dos claras, pero Kvaratskhelia, y especialmente Giovanni Simeone, pueden no conciliar el sueño en los próximos días, porque las que fallaron son de aquellas en las que justamente errar, supone lo extremadamente difícil. De hecho, la del segundo de ellos, fue en el 90+2, y escuece, dado que hubiese supuesto la victoria de un Nápoles que, aún y así, puede estar bastante agradecido, pues se ha quitado de encima la visita al Giuseppe Meazza, y mantiene el liderato en una Serie A de atracción eléctrica.