El Valencia CF no pudo terminar el año 2021 de forma alegre. Tras las tres victorias en La Liga seguidas, motivadoras y por otra parte obligadas, la última de ellas en el Derby de La Capital del Turia, los Che vieron truncada su racha a manos del RCD Espanyol de Vicente Moreno, ante el que sucumbieron en Mestalla por 1-2. Si los horarios no hubiesen sido tan inoportunos quizás lo primero se habría evitado, pese a que de igual modo el destino valencianista en este último encuentro fuese la derrota disputando el choque en Enero, pero tiempo ha que el fútbol dejó de ser tan sólo un deporte para convertirse en un negocio donde los intereses pueden tener el mayor peso.
Más allá de eso nada reseñable. El Valencia CF sigue siendo ese equipo que cuando está entre la espada y la pared saca su genio para ganar tres partidos seguidos aunque sufra en desmedida, y aquel que teniendo mucho a su favor resbala pisando la piel de plátano pegándose un morrón que deja huella. Los Che cayeron víctimas de sus clásicos errores y de la conducta tan absurda que Hugo Duro tuvo durante tres minutos muy cruciales, primero provocando un penalti inexplicable y acto seguido viendo una segunda amarilla que podría haber evitado fácilmente. La meritoria remontada y la merecida victoria del RCD Espanyol fueron las consecuencias.
Sin duda una noticia desalentadora justo antes de un inicio de segunda vuelta que puede resultar demoledor y que al mismo tiempo aspira a sentar las bases de las definitivas aspiraciones valencianistas durante la presente temporada. Real Madrid, Sevilla, Atlético de Madrid y Real Sociedad esperan. No hace falta decir nada más, salvo preguntarse cual de sus dos rostros mostrará el conjunto de Mestalla de cara a las cuatro citas. Una cosa es segura, el de este último partido no resulta demasiado aconsejable. Urge una nueva reflexión para los de Pepe Bordalás.