Incluso frente a semejante viento y marea en forma de temporada agónica, todavía puede haber un rayo de luz para este Levante UD. Los Granotas, tras una primera parte en la que Matthew Ryan salvó al equipo de otra derrota todavía más dolorosa, salieron con la cara lavada en el segundo periodo, provocando que el Deportivo Alavés quedara en inferioridad numérica.
A partir de entonces, con mucho más corazón que cabeza, los de Luis Castro acumularon una llegada tras otra sin efectividad, hasta que el refrán «No hay mal que por bien no venga» intervino. Carlos Álvarez se retiró lesionado, entrando Carlos Espí en su lugar. El canterano granota creyó, e hizo creer, y tamaña fe merece una recompensa como la que obtuvo, logrando un doblete que vale su peso en oro.
El Levante UD consiguió tres puntos equivalentes a encontrar un manantial de agua dulce en medio de un desierto tan grande como cruel. Fue gracias a la contagiosa fe de un joven delantero que ojalá marque muchos más. Añadamos los buenos minutos que Morales ofreció tirando de veteranía, y el cóctel queda completo. Falta no obstante, el remate final, que la presente jornada sonría respecto a ciertos resultados. Pero Carlos Espí cree, y con él, todo el levantinismo.
MACHO LEVANTE