No hay mucho más que decir aparentemente a estas alturas de competición, el Levante UD es un equipo con la brújula totalmente estropeada. El proyecto se precipita hacia un fracaso mayúsculo, merced a una crisis económica que tardará en sanar, y a una plantilla que no está dando resultado. No lo dio con Julián Calero al frente, y el efecto de Luis Castro parece haberse evaporado en tan solo tres partidos.
Quizá la respuesta más sencilla es que no hay quien pueda arreglar tamaño desastre, y que el club está cada vez más próximo de mirar nuevamente de frente a la Liga Hypermotion. Sin embargo, aún queda camino, y hasta que las matemáticas no digan otra cosa, Los Granotas deben seguir luchando por una salvación que se antoja más y más difícil a medida que transcurren las jornadas.
MACHO LEVANTE