No resulta nada fácil describir lo que sucedió en el Ciutat al minuto 90+6. El cabezazo de Alan Matturro, tras córner botado por Olasagasti, supuso mucho más que la primera victoria en casa para el Levante UD, una alegría que la afición granota llevaba meses mereciendo. El 3-2 frente al Elche, significa abrir las puertas de la esperanza, las cuales, un minuto atrás, estaban cerradas a causa de la espectacular chilena de Adam Boayar.
Sin embargo, por encima de sus todavía visibles defectos, queda lo más importante. Este Levante UD, bajo la batuta de Luis Castro, cree, tiene fe, de lo contrario, le hubiese sido imposible obtener semejante triunfo. Dicha fortaleza de espíritu, bien merece una oportunidad para tratar de lograr una salvación equivalente a obrar un milagro. El camino está lleno de espinas, pero la fe mueve montañas.
MACHO LEVANTE