Tras la derrota en casa frente al Athletic Club de Bilbao, la directiva del Levante UD no tardó en declarar que estudiaría la situación para hallar la mejor solución posible. Horas después, se decidió algo triste, pues siempre es duro dejar de contar con alguien que se ha ganado un sitio en la historia de la entidad, pero debido a las circunstancias, también necesario. En otras palabras, la destitución de Julián Calero como entrenador granota.
El tiempo ha dictado sentencia respecto al de Parla. La Liga Hypermotion constituye un terreno donde puede desenvolverse muy bien, sin embargo, no es así en la Liga EA Sports. Las estadísticas hablan su propio idioma. Un ascenso con el colofón de ser campeón de la Segunda División, y 9 puntos de 42 posibles en Primera División, suponen datos intachables, para bien y para mal.
Ahora, mientras Vicente Iborra y Álvaro del Moral toman temporalmente las riendas del banquillo, la incertidumbre sobre quién será el elegido para reflotar un buque muy tocado reina en Orriols. Lo único seguro, pese al momento deportivo tan delicado, es que a Julián Calero se le debe recordar como el entrenador que devolvió al Levante UD a la categoría donde siempre debería militar. Que lo positivo permanezca de por vida. Gracias y suerte, Míster.
MACHO LEVANTE