Más allá de que pueda estar atrapado en un bucle, pues su primera vuelta en la presente Liga EA Sports está siendo deficiente, el Valencia CF genera dudas inexistentes en los otros diecinueve conjuntos de la máxima categoría. No se sabe cómo pretende jugar al fútbol, y por tanto lograr enderezar su marcha. En consecuencia, tampoco puede dilucidarse cuál es el objetivo de este equipo, suponiendo que tenga alguno en concreto.
El 0-0 cosechado en Mendizorroza frente al Deportivo Alavés, prácticamente banal, y gracias en buena medida al desacierto de cara a portería por parte del cuadro entrenado por Eduardo Coudet, no hace sino probar lo que en algunos medios de la capital del Turia ya se hicieron eco hace semanas o más, en el Valencia CF no existe jerarquía de mando.
Nadie entra al vestuario para reprender a la plantilla el no defender un escudo y elástica de gran peso como es debido. Carlos Corberán parece tener la llave maestra del club, y sin embargo, el misterio de si los jugadores le respaldan o no, puede estar creciendo. La temporada pasada, el discurso del actual Míster valencianista caló hondo. Evidentemente, el hecho de que en ese entonces se jugaran la permanencia, posee su considerable proporción, pero Carlos Corberán recompuso a un vestuario hecho pedazos.
Actualmente sin embargo, por motivos que únicamente ahí dentro supuestamente sabrán, el efecto del entrenador no parece el mismo. Precisamente en una campaña donde podía existir una chispa de ilusión, con la creencia de que, emulando aquella segunda vuelta, el Valencia CF podía reunir la suficiente capacidad para luchar por Europa, aunque fuera por vía Conference, pues algo es algo, y por ese algo puede comenzar una resurrección.
Pero no. La, al menos por ahora, negativa primera vuelta que el equipo está protagonizando, además de apagar la mencionada chispa de un soplido, conduce a una situación ya vivida con anterioridad, y que ninguna persona valencianista quiere revivir. Sin embargo, si la jerarquía de mando es inexistente, y el discurso del entrenador está congelándose, supone, otra vez, un muy mal augurio.