Todo Anfield Road soñará estas próximas noches con la madera, aliada clave de un Manchester United que conquistó el feudo de su eterno rival en el Gran Clásico de Inglaterra, gracias a una digna primera parte y a un segundo acto en el que se defendió con todo, teniendo inspiración en la jugada del 1-2, a la postre fundamental. Nueve años han tenido que pasar para que Los Diablos Rojos se impongan a Los Reds fuera de casa. Se nota que todo lo bueno se hace esperar.
Probablemente nadie contaba con un inicio semejante. Apenas había transcurrido un minuto, cuando Diallo recibió el balón y se inventó un fenomenal pase en profundidad para Mbeumo, que no perdonó. El Liverpool se encontró remando a contracorriente frente a un Manchester United que no renunció a un segundo tanto. Tuvo el empate Van Dijk cabeceando en plancha, y Lammens ganó en el mano a mano frente a Isak.
Sin embargo, el primero de todo Anfield Road que soñará con la madera es Gakpo. Hasta tres veces se interpuso en su camino, peor suerte imposible. La primera tras superar a De Ligt y lanzar con rosca, la segunda mediante un centro envenenado, y la tercera tras rematar inapelable.
No se quedó atrás el Manchester United durante el primer periodo. Diallo recibió un gran balón en largo por parte de Matheus Cunha, avistó a Bruno Fernandes y pasó atrás, pero el intento de este último rozó el poste, para acto seguido salir fuera. Mamardashvili por otro lado, se anticipó a Mbeumo y despejó providencial ante Mount.
En la segunda mitad, el cuadro de Arne Slot asumió el mando del partido, mientras que los de Ruben Amorim retrocedían progresivamente. Sin embargo, Mac Allister, Ekitike, Salah y Gakpo perdonaron. Y eso que Los Reds consiguieron empatar al 78. Una acción embarullada dentro del área provocó que el esférico le llegara a Wirtz, que jugó para Chiesa, encargado de proporcionar a Gakpo el pase de la muerte, para que este último remachara a gol.
Quedaba tiempo, y el encuentro parecía otro. Pero este Manchester United es capaz de las mayores chapuzas y de las mejores proezas. Cinco minutos después, Bruno Fernandes sacó de esquina, Mbeumo remató desde la línea del área, el cuero impactó en Chiesa y regresó a las botas de Bruno Fernandes, que sin dejarlo botar, hizo música celestial al primer toque, y el balón voló hacia el punto de penalti. Allí se encontraba Maguire, que podría haber jugado de nueve durante su carrera, saltando como nadie y cabeceando al ángulo opuesto, imposible para Mamardashvili.
De esa manera se llevó el Manchester United el Gran Clásico de Inglaterra. Demostrando actitud en el primer periodo, y defendiendo con todo a lo largo del segundo, añadiendo la dosis oportuna de inspiración que le permitió anotar el gol definitivo. Eso sí, no hay que olvidar a ese aliado que hasta tres veces desesperó a su oponente, posicionándose en favor de Los Diablos Rojos. A eso sí que se le llama tocar madera.