Lo del Levante UD durante los segundos tiempos da miedo, sino pavor. Los Granotas empataron 1-1 en el Coliseum Alfonso Pérez frente al Getafe de Pepe Bordalás, después de un primer periodo donde hicieron las cosas correctamente, logrando adelantarse gracias a Brugué, que pinchó un balón en largo como las estrellas del deporte rey, e Iván Romero, que sigue aportando goles.
Sin embargo, el paso por los vestuarios está maldito para el cuadro de Julián Calero. En la segunda mitad, los de Orriols no supieron dar ni el menor sentido a su juego, pecaron de nuevo en defensa encajando un gol evitable, y su capacidad de reacción para con el tanto recibido fue casi nula. Viéndolo en retrospectiva, incluso el punto obtenido parece un tesoro.
Tampoco ayuda tener a un acaparador en forma de árbitro que pretenda todo el protagonismo para él solo. No obstante, esa cuestión es toda una tradición en España, tanto que hasta ha pasado a considerarse como normal. Ahora bien, en lo meramente deportivo, Julián Calero sigue teniendo trabajo que hacer. El cambio de cara tan negativo que el Levante UD experimenta de una parte a otra tan a menudo, no es comprensible, y menos aún beneficioso. Que los jugadores tomen conciencia de ello y espabilen.
MACHO LEVANTE