Han bastado tres partidos para comprobar por qué sendero aspira a circular el Mundial de Clubes, torneo del deporte rey recién nacido, y cuya primera edición transcurre en el presente 2025. La competición presenta todos los aspectos de lo que podríamos llamar «amistosos de lujo». El choque disputado entre Al-Ahli e Inter de Miami no registró siquiera goles. El Bayern Múnich tuvo lo equivalente a un entrenamiento de privilegiados, logrando un 10-0 que debería ser catalogado como llamativo, pese a que la cifra sugiera el término histórico.
El PSG por su parte humilló por 4-0 a un inoperante Atlético de Madrid, en un encuentro controlado prácticamente de principio a fin por el conjunto parisino. Fabián Ruiz, Vitinha, Mayulu y Kang In-Lee de penalti, hicieron justicia a lo visto en el verde. Tres resultados bien previsibles, con especial hincapié en los dos primeros, y que demuestran, cuando menos a priori, en qué va a consistir este torneo. El dinero y la publicidad aparentan ser el matrimonio de moda que eclipse lo realmente importante. Ojalá y el Mundial de Clubes nos demuestre todo lo contrario.