El París Saint-Germain escribió su nombre en la lista de clubes privilegiados de Europa tras derrotar por un inolvidable 5-0 al Internazionale de Simone Inzaghi, convirtiéndose en el vigésimo cuarto equipo con derecho a alzar el trofeo soñado por todos, la Copa de Europa, y firmando con ello la mejor temporada de su historia. Rey de Francia y Europa, lo ha conquistado todo. Una campaña 2024-2025 que deja en evidencia incluso a la 1995-1996, donde se hizo con la antigua Recopa.
Qué decir de Luis Enrique, artífice de este PSG, segundo triplete, primer póker y décimo sexto título en su carrera. Uno de los mejores entrenadores habidos y por haber, sin duda alguna. El técnico del cuadro parisino ha unido a todo un grupo de cracks mundiales a través de su filosofía futbolística, consiguiendo que sean uno solo en el verde, y haciéndoles comprender que, mediante la disciplina, el sacrificio y la labor colectiva, eran capaces de cualquier logro, considerando que la calidad individual ya les venía de serie.
Aunque quizás, la mayor proeza de Luis Enrique, haya sido resucitar a la mejor versión de Ousmane Dembélé, quien ha aportado madurez, sacrificio, calidad y goles, justamente las cualidades exigidas a la gran estrella de cualquier equipo. En este caso, un PSG que también ha agradecido de sobremanera las llegadas de Safonov, Pacho, Doué y Kvaratskhelia. El Míster ha hecho ver a Dembélé, lo mucho que aún tiene por ofrecer al deporte rey, y su discurso ha calado hondo en el futbolista. Tanto es así, que el verdadero mejor fichaje, es el suyo, cosa que supone mucho decir, vista la plantilla del nuevo campeón de Europa.
La era «post Mbappé», dijeron algunos el verano pasado. Pues como consista en temporadas equivalentes a esta última, la afición del conjunto parisino acabará agradeciendo al astro francés que hiciera las maletas. Luis Enrique alzó la voz, afirmando que a partir de entonces, serían mejores. Tal y como han salido las cosas, quizá no andaba del todo mal encaminado. No es ningún secreto que la alegría va por barrios, pero tampoco el hecho de que, mediante sus principios y estilo, ha cumplido con lo prometido. Es su primera Champions entrenando al PSG, pero, ¿La última?
Respecto a la Gran Final del mejor torneo perteneciente al Viejo Continente, disputada en un Allianz Arena vestido de gala, resulta incorrecto decir «partido sin historia», porque esta fue escrita por el PSG, de principio a fin. Ni rastro del Inter, sus estrellas estuvieron apagadas desde el sonido del pitido inicial, Dumfries no dio una, Lautaro Martínez fue totalmente anulado, y a jugadores como Dimarco les pesaban las botas. Ni siquiera Marcus Thuram se salva del suspenso. Y es que, poco puede esperarse de un equipo que tarda 75 minutos en lanzar entre palos, con eso queda dicho todo…
Acerca del Inter, claro está. En cuanto al PSG, simplemente amo y señor del encuentro. Donnarumma apenas tuvo trabajo, Pacho era un centinela omnipresente en el eje defensivo, Fabián Ruiz y Vitinha dirigían la sinfonía, Achraf Hakimi dio otro significado al término «puñal por la banda derecha», mientras que Dembélé, Doué y Kvaratskhelia, se ocuparon del resto, osease, transmitir pavor. Los pupilos de Luis Enrique estaban en su salsa, y semejante panorama, presagiaba lo que arribó a partir del minuto 12, un festival extendido hasta el 86 de juego.
Vitinha sirvió un balón extraordinario por la izquierda a Doué, y este ofreció el 1-0 en bandeja de plata a Achraf Hakimi, culminando el primer jugadón de la noche. Ocho minutos más tarde, tras una salida rápida del PSG, Dembélé divisó a Doué por el carril diestro y jugó para su compañero, quien tras preparársela, remató sin dudarlo, el cuero impactó en un desafortunado Dimarco, despistando completamente a Sommer. El 2-0 subía al marcador. Un resultado con el que se llegó al descanso.
Cambio de portería, mismo guión. Prácticamente cero noticias del Inter. La escuadra de Simone Inzaghi continuó arrastrándose por el terreno de juego propiedad del Allianz Arena. Las caras de sus hinchas pasaron de preocupación, a poema, impotencia y tristeza. Hacía mucho tiempo que un finalista no era humillado de una manera tan sonrojante. El PSG mientras tanto, a lo suyo, dominio, magia y goles.
Y obviamente, llegó el tercero. Al 63, Dembélé recibió y detuvo el tiempo con un taconazo para la posteridad, Vitinha recibió el regalo, esperó hasta el momento idóneo, y asistió a Doué, que puso la guinda definiendo tan fría como perfectamente. Con el 3-0, el pescado estaba vendido, sin embargo, el PSG quiso más, y obtuvo su cuarto botín diez minutos después. Dembélé volvió a frotar la lámpara con un caramelo que dejó a Kvaratskhelia solo frente a Sommer, permitiéndole definir por el palo corto a las mil maravillas.
No acabó el castigo para el Inter con el 4-0. Los suplentes de lujo también reclamaron su tajada. Barcola tuvo dos ocasiones manifiestas, pero se llenó de balón en ambas. No obstante, jugó un papel fundamental cuando en el minuto 86, hizo diabluras combinando con Mayulu, asistiendo fenomenal para que la perla del equipo parisino, colocara el broche de oro, y que el 5-0 fuese una realidad. Del mismo modo que lo es el primer gran triunfo continental para un PSG que, con Luis Enrique al frente, y un grupo muy conjuntado, por fin se consagra como un grande de Europa. Enhorabuena al club y a toda su gente de bien.