Soberano de Francia. Así de sencillo. El PSG completó la conquista de su país alzando por décimo sexta vez la Coupe de France en el Stade de France. Los pupilos de Luis Enrique dieron buena cuenta de su oponente, un Stade Reims que al menos se lleva el consuelo de haber jugado la Final del torneo, pero que sucumbió por 3-0 frente a la aplastante superioridad del equipo parisino.
Ese sería de hecho, otro titular, no hubo color. El PSG hizo cuanto quiso con el cuadro dirigido por Samba Diawara. Su dominio fue de principio a fin. Únicamente quedaba la incógnita de cuándo acertaría entre palos. Ocurrió entre los minutos 16 y 19, con Doué realizando dos asistencias de lujo para un excelso Barcola, que hizo doblete definiendo extraordinariamente y a puerta vacía respectivamente.
No despegó el pie del acelerador el PSG, que buscó el tercero sin tregua. Dembélé se topó con Diouf y su paradón, Achraf Hakimi no pudo rematar debidamente el precioso centro de Barcola, y Doué se quedó cerca de dar carpetazo, con un remate repelido por la zaga que no entró de milagro. Dembélé tuvo otra oportunidad, cuando el Reims erró en la salida de balón y Fabián Ruiz le encontró, sin embargo, cruzó en exceso.
Pero ahí estaba Barcola, sin duda el mejor de la Final, para volver a centrar con música en el 43 de partido, permitiendo a Achraf Hakimi redimirse de su fallo anterior. Los de Luis Enrique colocaban la sentencia virtual. No obstante, buscaron el cuarto en la reanudación. Fabián Ruiz lo rondó en dos ocasiones, al 47 y 54, pero sin la precisión adecuada. En el 59, Diouf se lució para negarle a Barcola un Hat-Trick que hubiese merecido. Y un minuto después, tras una fantástica jugada tejida por Barcola, Dembélé y Doué, la zaga del Reims se interpuso en el remate de este último.
El resto del partido registró algún intento más por parte del cuadro parisino, en pos de obtener un cuarto tanto que, finalmente, no encontró. Nada pudo hacer el conjunto de Samba Diawara, salvo evitar encajar más dianas. Durante los últimos compases, el PSG durmió progresivamente el ritmo del encuentro, hasta dar la impresión de que ambos equipos arribaban al clásico pacto de no agresión.
Indulten al Stade Reims, bastante ha hecho con plantarse de forma justa y meritoria en la Final. Si la cosa va de culpables, posen sus miradas en el PSG, señor de Francia en la actualidad, y sin discusión posible, pues no hay quien le tosa. La superioridad del equipo que habita en la capital francesa, resulta bien patente, tanto que su dominio presenta muchas quinielas para proseguir.