El FC Barcelona es campeón de la Copa del Rey por trigesimosegunda vez en su historia. Lo hizo tras imponerse por 3-2 a su eterno rival, el Real Madrid, protagonizando ambos conjuntos una final copera de auténtico infarto. Se adelantó el Barça durante una primera mitad en la que dominó, remontó el Real Madrid a lo largo de un segundo tiempo en que agradeció las entradas de Mbappé y Güler al verde. Y cuando la situación parecía más favorable para Los Blancos, el Barça renació de sus cenizas, ganó terreno, empató llevando el choque a la prórroga, y a cuatro minutos para el 120, trajo el delirio a su hinchada con el definitivo 3-2, obra de un enorme Jules Koundé, que coronó su partidazo de la forma soñada.
Monólogo culé a lo largo del primer acto. El Barça hizo lo que quiso frente a un Real Madrid en la parra. Los Culés recuperaban rápidamente el esférico, para a continuación moverlo a su antojo, haciendo uso tanto de las bandas como del centro, buscando espacios a la mínima oportunidad, recurriendo a posesiones largas si era necesario, e insistiendo en pases al hueco. Semejante panorama, presagiaba lo sucedido en el minuto 28. Pau Cubarsí interceptó un balón peligroso que llegó a las botas de Pedri, quien telegrafió un pase perfecto para Lamine Yamal, que tras aguantar firme como una roca, vio la llegada del mismo Pedri, y le asistió para que se sacara una falta directa en movimiento, quitando las telarañas de la red perteneciente a la meta defendida por Courtois.
El Real Madrid encajó un golpe que le sirvió como tratamiento para su amnesia. Los Blancos empezaron a recordar quiénes son y qué clase de encuentro disputaban. Sin embargo, el Barça no varió su plan, y madera impidió que el conjunto de Carlo Ancelotti se fuera al descanso perdiendo por dos goles de diferencia. Para colmo, Mendy duró ocho minutos en el verde, y Fran García le sustituyó. Sabedor de que los suyos precisaban de un cambió radical, el técnico madridista puso a Mbappé, quitando a un irreconocible Rodrygo.
Vuelta a la tortilla. No le sentó nada bien el paso por los vestuarios al Barça. Los Culés estaban anestesiados, con Pedri y Lamine Yamal irregulares, y un Raphinha que ha vivido noches bastante más inspiradas, como quedó demostrado con la contra de libro en la que el atacante culé cruzó excesivamente rematando de zurda. El Real Madrid se adueñó del partido, con Bellingham y Vinicius Jr acrecentados, y Carlo Ancelotti dando entrada a Güler y Modric. Entonces, al 70, apareció Mbappé, siendo objeto de una falta muy peligrosa que él mismo se encargó de transformar en el empate, lanzando magistralmente por bajo.
Lejos de reaccionar, el Barça quedó noqueado. Ni siquiera la entrada al verde de Fermín por Dani Olmo parecía notarse. El Real Madrid buscó una remontada que las intervenciones de Szczesny, y un Koundé prodigioso, parecían negarle. Pero lo de Güler colgando balones, es simplemente de melodía. El chaval sirvió uno de esa clase, y Tchouameni cabeceó sin oposición el segundo tanto merengue. La Final copera parecía vestirse de blanco.
Sin embargo, este Barça también posee capacidad de reacción, pues de ello se ha asegurado Hans Flick, y cuando peor pintaba su panorama, inició su resurrección. Por no hablar de ese mago con 17 años de edad, conocido como Lamine Yamal. El futuro mejor jugador del mundo, agitó su varita mágica. Primero hizo lucirse a Courtois, y a posteriori, llegado el 84 de juego, telegrafió un pase magistral a Ferran Torres, quien en su modo tiburón, y más firme que los bloques de hielo, sorteó a Courtois y definió a placer. Final igualada.
Hans Flick no se lo pensó, y sacó al terreno de juego a Araujo y Gavi en lugar de Gerard Martín y Frenkie De Jong, con el objetivo de oxigenar a los suyos. Carlo Ancelotti también movió ficha, Vinicius Jr al banquillo, Brahim Díaz al verde. Y entró en escena la polémica. Penalti claro no pitado a Ferran Torres que ni siquiera se revisó. Piscinazo de Raphinha dentro del área, comprobado y con merecida amonestación para el atacante culé. La prórroga fue inevitable.
Pero algo había cambiado, considerando el esfuerzo físico exhibido por ambos equipos, y que por consiguiente, el riesgo de cometer errores que se pagan era cada vez mayor. El Barça transmitía la sensación de llegar más entero, o quizá lo correcto sea, menos cansado. Los cambios realizados por Hans Flick tenían pinta total acierto. Eric García y Pau Víctor entraron enchufados, reemplazando a un Pedri maestro y a un genial Ferran Torres. Por contra, el Real Madrid acusó progresivamente las ausencias de Vinicius Jr y Rüdiger, mientras que las entradas de Brahim Díaz y Endrick, no surtieron el efecto deseado por Carlo Ancelotti.
Y fue con la tanda de penaltis acechando de cerca, que arribó el minuto 116, momento en que el error lo cometió el Real Madrid, y el Barça acertó. Las comunicaciones se anularon entre Modric y Brahim Díaz, y un inmenso Jules Koundé, capturó el balón, alzó la vista, vislumbró el hueco pegado al poste derecho, y soltó un chicharro con el alma. Golazo para enmarcar de un jugador enorme, que protagonizó un partidazo de titanes, y que obtuvo su más que merecido premio. ser el último gran héroe culé.
Una verdadera lástima que la Final de la Copa del Rey, fuese empañada por el comportamiento infantil de Rüdiger, Lucas Vázquez y Bellingham, quienes perdieron los papeles de forma demasiado tonta. Afortunadamente, la deportividad y la camaradería retornaron para poner la guinda a una final de altos vuelos, en la cual el Barça extendió más las alas, surcando los cielos por trigesimosegunda vez en su historia. Su idilio con el torneo del ko, supone una envidia sana. Enhorabuena a toda la gente culé de bien.