Julián Calero tendrá que dar explicaciones sobre su planteamiento en el Carlos Tartiere frente al Real Oviedo de Veljko Paunovic. A saber qué pretendía el entrenador granota con una alineación sin un solo nueve. El caso es que su apuesta le salió por la culata. Morales regresó a su peor versión, Brugué no estuvo acertado, mientras que Carlos Álvarez tuvo que marcharse tocado. Para colmo, el encuentro se decidió con un autogol de Ignasi Miquel durante el primer acto, merced a la torpeza de Pampín tratando de despejar el cuero.
Casi nada ocurrió a lo largo del segundo periodo, pues el Oviedo enfrió el partido cuanto pudo, y el Levante UD no mostró signos reales de cambio. Dos tiros entre palos en un espacio de 99 minutos, esa fue la voluntad que exhibieron los de Orriols en pos de lograr el triunfo, añadiendo la ausencia de los puntas durante la primera mitad, y su nula influencia en la segunda. Cuando Julián Calero se dio cuenta de su grave error, ya era tarde. Y es que, jugar a perder, conlleva consecuencias, unas que aspiran a repetirse en las visitas al Martínez Valero y El Plantío.
MACHO LEVANTE