Dos vecinos metropolitanos y eternos rivales, protagonistas del mundialmente conocido Derby della Madonnina, se veían las caras por quinta vez en lo que va de temporada. La vuelta de las Semifinales pertenecientes a la Coppa Italia, aguardaba a Inter y AC Milan en un Giuseppe Meazza espectacular. Los Nerazzurri buscaban seguir avanzando por la senda que conduce al siempre codiciado triplete. Los Rossoneri, proseguir su dura escalada por esa montaña con forma de consolación, capaz de brindarles la oportunidad de maquillar una temporada simple y llanamente para el olvido.
Prevaleció la causa perseguida por la escuadra de Sergio Conceiçao, y de qué manera. Se acabó el sueño del triplete para el cuadro de Simone Inzaghi. El 0-3 reflejado en el electrónico a la conclusión del encuentro, prohibió el paso a cualquier duda. El AC Milan está firmando una campaña vergonzosa. No obstante, al César lo que es del César, ya que el conjunto de San Siro ha logrado tomarle la matrícula a su vecino, y con autoridad. Tras el respetuoso minuto de silencio en honor al Papa Francisco, el Derby della Madonnina dio comienzo.
El Inter se acordará durante los próximos días de las ocasiones que desperdició a lo largo del primer periodo. Darmian remató cruzado cuando aún no se había cumplido siquiera el minuto 10, y al 20 y 22, aparecieron Maignan y el travesaño. Pese a la posición antirreglamentaria de Dimarco, el guardameta del AC Milan se lució dos veces frente al mismo jugador que, en su siguiente acción, vio cómo la madera repelía su fusil en forma de remate. Llegado el 33, Lautaro Martínez desperdició la estupenda dejada de Taremi.
Ya se sabe, quien perdona lo paga. Tres minutos más tarde, el conjunto de Sergio Conceiçao tuvo su primera ocasión manifiesta, y a la jaula. Reijnders abrió para Álex Jiménez, este centró con música, y Jovic fusiló de cabeza. Quiso sobreponerse al mazazo el cuadro de Simone Inzaghi lo antes posible, pero Bisseck probó suerte sin éxito, y el paso por los vestuarios arribó.
Si en el fútbol un golpe psicológico es duro, no digamos nada acerca de dos bien seguidos. Fue precisamente con lo que el Inter se encontró. Corría el minuto 49, cuando la defensa nerazzurra se durmió, situación que Jovic no desperdició, pues hizo doblete. Cambio radical, los de Simone Inzaghi quedaron anestesiados, y la escuadra de Sergio Conceiçao tomó el control. Tan solo dos minutos después, Álex Jiménez tuvo la sentencia en sus botas, pero remató mal.
No tenía nada que perder Simone Inzaghi, y quemó naves. Dimarco, Barella, Asllani y Taremi al banquillo, Zalewski, Frattesi, Çalhanoglu y Arnautovic al verde. Sergio Conceiçao por contra, salvo el cambio obligado de Thiaw por Gabbia a causa de la lesión de este último, se reservaba sus cartas. Prácticamente nada varió. El Inter era incapaz de conseguir precisión en sus acciones, mientras que el AC Milan disfrutaba sobre el terreno de juego. De hecho, Maignan únicamente tuvo trabajo luciéndose frente al cabezazo de De Vrij.
El último cuarto de hora entró en escena, y con él los comodines de Sergio Conceiçao. Loftus-Cheek y Tammy Abraham sustituyeron a Pulicic y Jovic, mientras que Simone Inzaghi dio entrada a Joaquín Correa por Darmian. Y entonces, arribó el minuto 85, instante en que Los Rossoneri pusieron la guinda a su gran noche. Tras recibir el cuero, Rafael Leao jugó para Reijnders, y este batió a Josep Martínez por debajo de las piernas. La fiesta rossonera era completa.
El AC Milan hizo pedazos el sueño de su vecino, clasificándose merecidamente para la Final de una Coppa Italia que, en caso de alzarla, puede permitirle evitar el pleno ridículo, vislumbrando así luz en un túnel muy oscuro. Ciertamente, a partir de Junio habrán conversaciones considerablemente tensas en las oficinas de San Siro. Sin embargo, ese capítulo puede esperar un poco más. Ahora, el protagonismo recae en otro, aquel que representa una oportunidad para disculparse ante su gente de bien como es debido.