Se acabó lo que se daba para el Real Madrid, cuando menos en la Champions y respecto al soñado triplete. Esta temporada 2024-2025, tampoco podrá ser. El Arsenal se plantó en el Santiago Bernabéu con la disciplina que le está caracterizando durante toda la campaña, y conquistó el feudo madridista por 1-2, firmando además dos obras de arte. Los Gunners retrataron de nuevo a un equipo que, tal vez tenga muchas estrellas, pero en lo referente a conjunción y táctica, camina con la pata chula.
Queda confirmado, por si acaso todavía existían dudas, a este Real Madrid le plantas de frente un equipo ordenado, sacrificado, táctico, talentoso y certero, y puede pasar directamente las de Caín. Los Blancos son monjas defendiendo, carecen de capacidad para robar balones, y todavía no han encontrado en su diccionario el significado del verbo presionar. Casi mejor no mencionar qué ocurre si sus estrellas ofensivas no tienen la noche.
Fue el caso. Vinicius Jr y Rodrygo estuvieron apagados. Mbappé nunca llegó a encontrarse, y para colmo, se retiró lesionado. Solo Bellingham aparentaba inspiración, pero su rendimiento decayó conforme transcurrían los minutos. El Arsenal por contra, mostró total claridad y confianza en sus esquemas, sabiendo cuándo era el momento de replegarse, y cómo hacer daño. Odegaard, Rice, Martinelli, Saka y Mikel Merino, hacían de las suyas, Saliba parecía sobrarse en defensa, y el gigante David Raya vigilaba bajo palos.
No hubo goles en el primer periodo, pero sí jugadas polémicas, cortesía de las contradicciones entre el árbitro y la sala VOR. Al 13, se consideró que el agarrón de Asencio a Mikel Merino era suficiente para señalar pena máxima. Considerando la manera tan inoperante con la que Saka procedió a ejecutar el penalti, puede que Odegaard se lo piense mejor la próxima vez que deba cederle el cuero. Minutos después, el colegiado pitó penalti de Rice a Mbappé, pero de nuevo entró el VAR. La decisión final fue doble, falta inexistente, y posición antirreglamentaria de Rodrygo.
Tras el paso por los vestuarios, Mikel Arteta prosiguió con su plan, pero Carlo Ancelotti tuvo que variarlo. Alaba, Lucas Vázquez y Rodrygo fuera. Ceballos, Fran García y Brahim Díaz a jugar. A posteriori, entraría Endrick por un lesionado Mbappé. Nada cambió. El Real Madrid empezó a notar el paso de los minutos, mientras que el Arsenal proseguía ordenado, trabajador y paciente. Hasta que llegó el 65 de encuentro.
Mikel Merino ganó el cuero, Saka recibió y jugó para un Odegaard situado por el medio, este encontró a Rice, que se la devolvió, Odegaard entonces envió la pelota a Mikel Merino, quien filtró para que Saka, frente a la salida de Courtois, picase el esférico. Una obra de arte.
Si no hubiese sido por la pifia de Saliba en defensa, el Real Madrid probablemente no habría perforado la red de David Raya, pero dos minutos después, Vinicius Jr llevó algo de ilusión al Santiago Bernabéu. Pero consistió precisamente en eso, una ilusión, absolutamente pasajera. El Arsenal no varió sus planes, y en poco tiempo, la hinchada madridista asumió definitivamente el derrumbe de los suyos, quienes únicamente lanzaron cuatro veces entre palos, un dato que resume la actuación del equipo merengue.
Tan solo por justicia, el Arsenal debía llevarse el triunfo, y lo consiguió llegado el 90+3. En un contragolpe de manual, Gabriel Martinelli activó su modo atleta, se plantó ante Courtois, y definió sensacional. El Real Madrid tiene estrellas, al tiempo que problemas llamativos.
Si un equipo que también disponga de galones se planta frente a Los Blancos, luciendo un concepto de juego memorizado, con el trabajo y esfuerzo grupal representando un gran porcentaje de su columna vertebral, un nivel táctico sobresaliente, y la calidad y acierto goleador colocando las guindas, el cuadro de Carlo Ancelotti queda prácticamente neutralizado.
El Arsenal de Mikel Arteta posee todas y cada una de las cualidades mencionadas, por eso ha pasado por encima del Real Madrid, habiendo llegado merecidamente a las Semifinales de la Champions.