El Levante UD dejó escapar en Nuevo Arcángel frente al Córdoba dos puntos que le hubiesen otorgado un plus motivante de cara al objetivo inmediato. Los Granotas, pese a la imagen inoperante mostrada durante prácticamente todo el partido, hicieron lo más difícil en la primera mitad, adelantarse gracias al golazo de Brugué, y dejar la portería a cero gracias a Andrés Fernández y al larguero. El mismo Brugué tuvo el segundo en sus botas, pero no llegó a rematar.
Poco variaron las cosas en una segunda parte donde, ironías del fútbol, los de Julián Calero volvieron a perdonar. Primero por medio de un Kochorashvili muy lento, y más tarde con Álex Forés rematando al muñeco. Sin embargo, el punta granota logró lo que parecía imposible a esas alturas, colocar al Levante UD de nuevo con ventaja. La premisa era clara, defender un resultado que sabía a gloria, sobre todo visto lo visto.
Sin embargo, en una acción que no debía conllevar más peligro de lo normal, la zaga se durmió, mostrando falta de garra y pundonor, en definitiva, de carácter, y el 2-2 subió al electrónico. Para colmo, Carlos Espí falló el que hubiese sido el tercero para Los Granotas, un gol que prácticamente ya se cantaba, lo que hubiese supuesto poco menos que un milagro. Pero no.
Los de Orriols continúan dando signos preocupantes a domicilio, incapaces de controlar el cuero y en estado de temor a encajar, cuando tendrían que reunir la voluntad suficiente como para ambicionar marcar más goles tras conseguir abrir la lata. Dicha actitud, no es la de un equipo que ansíe el ascenso directo. Julián Calero, visiblemente disgustado con sus pupilos, pese a defenderlos en rueda de prensa, tiene mucho de qué hablar con ellos. Sumar de tres fuera de casa, es algo esencial.
MACHO LEVANTE