Más allá de haber conquistado el Santiago Bernabéu diecisiete años después, por encima de los 34 puntos en el casillero, considerando que Giorgi Mamardashvili recobró su versión de coloso bajo palos, teniendo en cuenta el reencuentro de Hugo Duro con el gol, puntuando como se merece a Diakhaby por sus ganas y el tanto logrado, junto al alivio que supone romper por fin el gafe a domicilio, la victoria del Valencia CF por 1-2 frente al Real Madrid es un reflejo de algo fundamental demostrado por todo lo alto: Carlos Corberán es un entrenador en el que sus jugadores creen.
El de Cheste ha unificado a una plantilla que meses atrás se encontraba totalmente dividida, está sacando lo mejor de cada uno de los efectivos que dispone, y a base de trabajo, les ha concienciado de que el objetivo marcado no es una utopía, sino posible. Todavía queda trayecto, pero tal vez el tiempo acabe por posicionarse en favor de un técnico que llegó a Mestalla con la etiqueta de auténtica incógnita, y puede acabar resultando un acierto, sobre todo cuando la humildad y el esfuerzo son sus idiomas.