LOCURA COPERA Y FELICIDAD BLANCA

Una maravillosa locura, así de claro, eso fue lo que se vivió en el partido de vuelta que Real Madrid y Real Sociedad disputaron en el Santiago Bernabéu. Cortesía de la Copa del Rey, el torneo del ko, donde cualquier cosa es posible, incluido el 4-4 con el cual, tanto Blancos como Donostiarras, honraron a la competición, y al fútbol en sí. La alegría no obstante, solamente podía corresponder a uno de los dos, y el sentimiento de felicidad terminó perteneciendo al Real Madrid.

Considerando el primer cuarto de hora, donde ambos conjuntos tanteaban el terreno, hubiese sido interesante preguntar durante ese periodo de tiempo a cada persona congregada en el estadio madridista, si esperaban lo que se inició a continuación. A saber si alguien apostaba por ver ocho goles. Sea como fuere, el show dio comienzo a partir del minuto 16.

Tras recibir el balón, Pablo Marín prolongó muy astutamente de cabeza, Barrenetxea recogió la entrega, y no perdonó frente a Lunin. La eliminatoria se igualaba. El Real Madrid comprendió entonces que no conseguiría el pase a la Final andando ni tanteando, y dio un paso al frente. A la media hora de juego, su reacción tuvo resultados. Vinicius Jr cabalgó por la izquierda y asistió espléndidamente con el exterior a un Endrick que, activando su modo bloque de hielo, picó el balón frente a Álex Remiro. El chaval ha nacido para el gol.

Los de Carlo Ancelotti terminaron la primera mitad con mejores sensaciones que su oponente, así como del mismo modo, iniciaron mejor la segunda. Sin embargo, pese al partidazo de Bellingham, no era la noche con mayor precisión de Vinicius Jr y Rodrygo. Los de Imanol Alguacil por contra, fueron de menos a más, con Oyarzabal, Kubo y Pablo Marín a la cabeza.

Y entonces, llegaron los minutos 70 y 72. Lunin se lució frente al cabezazo de Zubimendi tras un córner, y en el rechace, Oyarzabal, completamente solo, mandó a las nubes un gol cantado. Pero en la siguiente jugada donostiarra, Pablo Marín sentó a Camavinga por la derecha ganando línea de fondo, y su pase de la muerte impactó en un desafortunado Alaba, suponiendo el segundo para la Real Sociedad.

El Real Madrid tiró de casta y calidad ofensiva para reaccionar, ya con Mbappé en el terreno de juego, pero ocho minutos después quedó boquiabierto. Take Kubo jugó atrás para Mikel Oyarzabal, que no se lo pensó y lanzó, el cuero impactó de nuevo en Alaba, acto seguido en el palo derecho, y se alojó ante un impotente Lunin. La Real Sociedad puso la eliminatoria a su favor.

Los Blancos reaccionaron al instante, activaron su modo Hulk, y se lanzaron con todo para dar la vuelta a la tortilla. Fue así como entre el 82 y 86, pusieron las tablas. Vinicius Jr sacó su magia a pasear por el carril zurdo con un jugadón, seguido por una asistencia de lujo, la cual fue rematada espectacularmente de primeras por Bellingham, imperial toda la noche. Cuatro minutos después, tras un córner botado por Rodrygo, Tchouameni cabeceó, y la mantequilla que impregnaba los guantes de Álex Remiro hizo el resto. El cuadro de Carlo Ancelotti se negaba a caer en sus propios dominios.

Sin embargo, el conjunto de Imanol Alguacil también se oponía a renunciar a la Final copera, y con siete minutos de añadido, empleó con eficacia su última carta llegado el 90+3. Sergio Gómez colgó una falta por la parte derecha, Lunin salió a por uvas, y Mikel Oyarzabal, completamente solo, igualó la eliminatoria una vez más. La prórroga entró en escena con ambos mermados físicamente, lo que no impidió ver cómo Álex Remiro se lucía frente a un cabezazo de Bellingham al 95, y a Mbappé tirándose un gran sombrero que acabó en nada cuando corría el 105.

Turno para la segunda parte de la prórroga, momento en que los comodines predilectos de Carlo Ancelotti dieron la razón a su entrenador con los cambios. Con Modric poniendo orden en la medular, y Brahim Díaz aportando nuevas energías a la parcela ofensiva, Arda Güler y Rüdiger dejaron su sello. El primero hizo brotar música mediante un saque de esquina por la parte derecha, que fue cabeceado magistralmente por el segundo, colocando de esa forma la diana decisiva.

Pudo haber logrado el tanto de la victoria Brahim Díaz, lo que habría significado el colofón a la alegría blanca, pero Álex Remiro estuvo soberbio. Para ese entonces ya daba igual. Con los de Imanol Alguacil totalmente fundidos, y los de Carlo Ancelotti apurando sus últimas gotas, el colegiado decretó la conclusión de un auténtico festival copero, digno del deporte rey. Sin embargo, la felicidad únicamente podía pertenecer a uno, derecho que correspondió a un Real Madrid que aguarda a uno de sus dos eternos rivales en la Final del 26 de Abril.

Publicado por Miguel Ávalos

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