¿Alguna vez en su infancia, fuese en clase o en el patio, les soltaron la expresión «no te ajunto»? Dejémoslo en que los niños son niños. Ahora bien, así debe sentirse en estos momentos el PSG, como ese niño que quiere que otros le ajunten, y no hay forma. Concretamente, el cuadro parisino busca que la máxima competición continental le ajunte, pero si la Champions dice que no, es un no rotundo. El PSG sigue sin ese amigo que tanto ansía.
Y eso que, respecto a poner de su parte, poco más se le puede pedir a la escuadra entrenada por Luis Enrique. Tuvo sometido durante 86 minutos a un Liverpool cuyo estado de gracia es tal, que hasta las varitas mágicas le bendicen. Una sola llegada clara, balón luchado y ganado por Darwin Núñez, cesión al costado diestro, Elliott surge desde allí, y no perdona. Para todo lo demás, Alisson y sus diez paradas heroicas, completando un partido histórico bajo palos.
Ni la afición del Parque de los Príncipes, ni Luis Enrique, ni los jugadores del conjunto parisino, ni siquiera la hinchada del Liverpool desplazada, absolutamente nadie daba crédito, pero esto es fútbol, los goles mandan, y debido a ese motivo tan sagrado, parece que la Champions sigue dándole la espalda al PSG. Doble o nada, milagro en Anfield Road, u otro proyecto fracasado, y otra decepción al tarro de las penurias.
No importó quién lo intentara, los astros se alinearon en favor del Liverpool, Alisson estuvo ahí, la zaga red también trabajó, y los veintisiete remates entre palos del PSG, fueron en vano. Dembélé no se cansó de hacer jugadones, además de poner a prueba más de una vez al cancerbero red. Remataron a portería Joao Neves, Barcola, Kvaratskhelia, Doué…dio lo mismo, el cuadro parisino nunca alteró el electrónico.
Y como quien perdona lo paga, el Liverpool no arrendó la ganancia. Cuando el PSG se resignaba a dar por bueno el empate sin goles, aparecieron las figuras de Darwin Núñez y Elliott, quienes enmudecieron el Parque de los Príncipes. El primero apoderándose del cuero en todo un alarde de destreza física, y el segundo ajusticiando a Donnarumma en el minuto 87. 0-1 y el oponente a la lona. El Liverpool de Arne Slot encontró oro en lo que parecía un desierto. Todo apunta a otra imagen del PSG cabizbajo.