Fiesta absoluta en Da Luz. Benfica y Mónaco ofrecieron un espectáculo digno de la Champions, gracias a un partido que acabó 3-3. Una locura, se mire por donde se mire, con ambos conjuntos protagonizando un acto de fe. Los de Adi Hütter se comportaron como excelentes participantes, pero el cuadro dirigido por Bruno Lage, acabó siendo el encargado de romper la piñata futbolera. Una proeza premiada con la clasificación para los Octavos de Final.
No hubo respiro, el toma y daca resultó un verdadero parque de atracciones. Durante los primeros minutos, Majecki blocó un cabezazo de Barreiro, y Trubin activó su modo dibujo animado frente a Diatta, que fusiló desmarcado tras controlar con el pecho un centro al segundo palo de Minamino. Hasta que en el 22, los goles ya no quisieron esperar. Singo la pifió en salida de balón, Barreiro robó y jugó para Pavlidis, que asistió al segundo palo, donde Aktürkoglu emergió y fusiló.
Antonio Silva perdonó seis minutos después el segundo para el Benfica, y pasada la media hora, el cabezazo de Embolo se topó con la madera, tras el gran centro al corazón del área hecho por Diatta, arruinando los planes del Mónaco, aunque por un minuto. Al 32, Embolo recogió un balón al área desplegando su físico, en pos de aguantar lo bastante para que Minamino arribara y rematase a quemarropa. Empataba el Mónaco, que tuvo en las botas del propio Embolo el segundo al 45+3, pero su remate se marchó a las nubes, estropeando el jugadón de Akliouche.
Nada más arrancar el segundo periodo, Trubin volvió a exhibirse frustrando el intento de Ben Seghir, evitando temporalmente que los de Adi Hütter dieran la vuelta a la tortilla. Por contra, llegado el 51 de juego, Akliouche se hizo notar por la derecha y jugó hacia atrás, Embolo la dejó pasar astutamente, y Ben Seghir apareció rematando de primeras con el interior de la bota. Un golazo.
Sabía el Benfica que debía reaccionar, pues de lo contrario le esperaba la prórroga, como mínimo. La escuadra de Bruno Lage tuvo el empate en las botas de Kökçu y su trallazo, pero la intervención de Majecki fue digna de foto tamaño póster. No desistió el cuadro portugués, que al minuto 76, devolvió las tablas. Kehrer derribó a Aursnes dentro del área, y Pavlidis aprovechó la ocasión. Cualquier cosa podía ocurrir. Los minutos finales representaron el colofón perfecto para una noche de Champions.
Al minuto 81, prácticamente llegando y besando el santo, Ilenikhena superó a Otamendi en una disputa aérea y condujo hasta la meta rival, para acto seguido fusilar ante un Trubin que pudo desenvolverse mejor. De nuevo planeaba la prórroga, y una vez más, la definitiva, el Benfica impidió dicha posibilidad. En el 84, Carreras colgó magníficamente el esférico al corazón del área, Majecki salió para despejar, pero Kökçu estuvo más rápido, metiendo la puntera y llevando el delirio a Da Luz. Concluía de esa forma una fiesta con el Mónaco haciéndole justicia, y con el Benfica siendo rey de la misma.