El Atlético de Madrid logró una victoria para el recuerdo imponiéndose por 2-1 al Bayer Leverkusen de Xabi Alonso, gracias a una remontada de las que solamente es capaz el conjunto del Cholo Simeone. La fe de Los Colchoneros es simplemente única, y volvieron a demostrarlo ante su eternamente fiel hinchada en el Metropolitano, un estadio donde habita el espíritu del Vicente Calderón. La escuadra rojiblanca tiene casi asegurada la clasificación a Octavos de Final de la Champions, habiendo alcanzado los 15 puntos y, al menos provisionalmente, el tercer puesto en la clasificación.
Era el Bayer Leverkusen de Xabi Alonso, osease, de todo menos fácil, pero este Atleti sabe sufrir, y tiene plantel para rato. Aún y así, la primera parte fue propiedad del conjunto alemán, con Palacios e Hincapié metiendo el miedo en el cuerpo, y Oblak tirando de sus clásicos reflejos frente a Wirtz y Tella. Sin embargo, el tanto visitante arribó cuando más dolió, al filo del descanso. Giménez despejó un balón peligroso, Mukiele cazó el rechace y centró al segundo palo, e Hincapié cabeceó cruzado sin que Oblak pudiese hacer nada. El Atlético de Madrid, con uno menos desde el minuto 25 por la expulsión de Pablo Barrios, se marchaba a los vestuarios aparentemente besando la lona.
Con la gran mayoría de equipos, puede ser, pero al bloque del Cholo Simeone, jamás se les ocurra darle por perdido. Su fe mueve montañas. El Míster, a buen seguro, tiró de discurso motivador, lo suficiente como para que los suyos salieran dispuestos a vender cara su derrota. Alentado por su formidable afición, y creyendo que la remontada era posible, Los Colchoneros hicieron surgir ese espíritu digno del Vicente Calderón, y trasladado al Metropolitano. Así es el Atleti.
Corría el minuto 52 de encuentro, cuando Reinildo recuperó la pelota en labores defensivas, y jugó para un Griezmann que vio a Julián Álvarez echando a correr. Tras recibir una delicatessen del Principito, La Araña superó a Tah, y batió a Kovar con un tiro cruzado. Era posible, porque es el Atleti. Pese a la superior motivación rojiblanca, y la doble amarilla a Hincapié en el minuto 76, las defensas se aplicaron, provocando que ninguno de los dos conjuntos lograra completa claridad en el último pase. Tal era la situación, que Xabi Alonso comenzó a dar por bueno el punto que los suyos retenían.
No fue el caso del Cholo Simeone, pues su chico para todo saltó al terreno de juego, un Ángel Correa capaz de cualquier cosa, lo que incluye recuperar el balón en la frontal y encontrar a un gran aliado como lo es Julián Álvarez. El apodo del atacante le va como anillo al dedo, parece que tenga ocho piernas en lugar de dos. La Araña no perdonó, sorteó a Kovar y mandó el esférico al fondo de las mallas. La remontada, una que permanecerá en los recuerdos de la hinchada colchonera, se convirtió en realidad. Dicen que la fe mueve montañas, pues entonces la del Atlético de Madrid, es capaz de hacer girar el Planeta Fútbol.