No resulta sencillo describir la tremenda locura en forma de partido de Champions que se vivió en Da Luz, morada del Benfica de Bruno Lage. Como tampoco es fácil referirse al Barcelona de Hans Flick. Capaz de cometer errores que convierten en profesionales a los niños y las niñas de patio de colegio, a la par que deleitar a incontables con su exquisito nivel ofensivo. De locos. Si se mira desde semejante punto de vista, el partido frente al Benfica le va que ni pintado. Sea como fuere, Los Culés reinaron en un encuentro de infarto, digno de la máxima competición continental, para acabar imponiéndose por 4-5, alcanzar los 18 puntos y con ello la clasificación matemática a los Octavos de Final.
La primera parte de los azulgrana fue simplemente inoperante. Al minuto 2 ya perdían. Álvaro Fernández centró al corazón del área y Pavlidis fusiló a Szczesny. Consecuencias de salir al verde dormido. Pudo ser peor si al 6 y 7 de juego, Aursnes hubiese estado fino tras otro centro idéntico de Álvaro Fernández, y Szczesny no hubiera tirado de reflejos frente al remate escorado de Pavlidis. Dos acciones que al menos espolearon al Barcelona. Lewandowski avisó en el 9 tras controlar de tacón, pero al minuto 13, no perdonó desde los once metros, dado que el pisotón a Balde no admitía discusión.
Los de Hans Flick comenzaron a desperezarse, y Trubin tuvo que lucirse frente a Gavi cuando corría el 20 de partido. Pero en la siguiente jugada, Szczesny decidió rememorar su pifia en la Final de la Supercopa, y arrolló a Balde con una salida incomprensible, cuando este tenía la situación bajo control. Evidentemente, Pavlidis no iba a desperdiciar tamaño obsequio. Y si una pifia tiene como resultado un gol en contra, igual sucede con otra. Szczesny se pasó de frenada tratando de llegar al cuero antes que Akturkoglu, lo que desembocó en un penalti discutible y en el Hat-Trick de Pavlidis. Al filo del descanso, Raphinha perdonó tras centro de Lewandowski. El Barça estaba tocado y casi hundido.
No obstante, llegó la reanudación, y con ella la locura. Koundé perdonó en el 49, voleando en semifallo tras un espectacular pase de Pedri por encima de la zaga. Tres minutos después, Araujo y Cubarsí evitaron que los de Bruno Lage sentenciaran. Al 54, de nuevo Cubarsí aparecía para impedir que Aursnes fuese un héroe. En el minuto 60, tras jugadón y centro al segundo palo de Pedri, Lewandowski no pudo mandar el esférico a la red. Hasta que en el 64, llegó el gol más extraño de todos. Trubin despejó hacia la frontal, el balón impactó en la cabeza de Raphinha, tornándose en un remate imparable. Era el 3-2.
Pero lo dicho, este Barça es capaz de los estropicios más bochornosos, y en el minuto 68, realizó otra demostración. Tras un centro al segundo palo, Koundé se durmió, permitiendo a Schjelderup ponerla cómodamente al primer palo, Szczesny se dejó caer para blocar, pero Araujo metió la bota y la pelota fue a parar a la jaula. Demencial. Quién iba a decir que a partir de ese momento, el Barça, cual dragón que ve turbado su reposo, se alzaría con toda su ira, mostrando su repertorio ofensivo.
Al 78, Lamine Yamal fue derribado por Otamendi, y Lewandowski redujo diferencias desde el punto fatídico. En el 86, Pedri agitó de nuevo su varita mágica, sacándose un centro con rosca al corazón del área, para que Eric García, igual que un nueve puro, fusilara de cabeza. El Barça, con ocho minutos enormes, puso el 4-4 en el marcador. Los Culés estaban lanzados. Raphinha y Lamine Yamal no marcaron de milagro, tras una dejada atrás de cabeza por parte de Ferran Torres y otro pase espléndido de Pedri. Incluso Szczesny se hizo gigante en un mano a mano frente a Di María. Al 90+2, lo intentaba Raphinha de falta directa, pero sin éxito.
Y llegó el minuto 90+6. Tras un saque de esquina, Florentino se quedó cerca de llevar el delirio a Da Luz, los jugadores del Benfica reclamaron penalti, pero el juego prosiguió. Ferran Torres cazó el balón, y se lo entregó a un Raphinha que cabalgó yendo de fuera hacia dentro, hasta plantarse en los dominios de Trubin, recortar, y batirle por bajo. Un golazo que puso la guinda a una maravillosa locura. Si en labores defensivas, el Barça se aplicase un cincuenta por ciento de lo que demuestra respecto a su poderío ofensivo, sería catalogado como máximo favorito de cara a alzar La Orejona.