En el estadio King Abdullah Sports City de Jeddah, frente a un Athletic Club de Bilbao que en términos generales decepcionó bastante, se vio a un Barcelona con dos rostros. Uno de ellos, mostrado durante la primera media hora del primer acto, y los primeros quince minutos del segundo, transmite completa fiabilidad de cara a alzar la Supercopa de España, además de hacerle merecedor del 0-2 que cosechó, gracias los tantos de Gavi y Lamine Yamal en los minutos 17 y 52.
El otro, que campeó prácticamente durante el resto de minutos, todo lo contrario, pues consistió en un conjunto conformista que jugó con fuego, no rematando la faena, y salvándose de la tanda de penaltis porque a los de Ernesto Valverde les anularon dos tantos. El primero no admitió discusión, fuera de juego claro. El segundo, supo a polémica, pero las reglas, por absurdas que resulten, existen para aplicarlas. Que la escuadra de Hans Flick se mire al espejo, porque una de esas versiones le garantiza muchas quinielas para ser el campeón del torneo, la otra no.