Llegar y besar el santo, ¿Será Sergio Conceiçao el elegido? Demasiado pronto para especular a tan elevado nivel, pero de lo que no cabe duda, es que su tarjeta de presentación, ha sido mayúscula. La Supercoppa de Italia soñada por el AC Milán, dejando apeados en el camino a sus dos eternos rivales, la Juventus y el Internazionale, con remontadas incluidas, y su vecino metropolitano boquiabierto tras ver cómo Los Rossoneri levantaban un 2-0 en contra. En el estadio Al-Awwal Park de Ar-Riyad, el AC Milán de Sergio Conceiçao, convirtió el torneo más pequeño de Italia, en algo simplemente inmenso. La octava quedará grabada de por vida.
A pesar del excesivo respeto que ambas escuadras se tuvieron durante el primer tiempo, este no fue un obstáculo para que se vieran jugadas de peligro. De hecho, comenzaron pronto, al 5 de partido, con Lautaro Martínez pinchando un balón largo frontal de Bastoni, pero por allí anduvo Thiaw para impedir su remate. Respondió el conjunto de Sergio Conceiçao en los minutos 11 y 14. Pulicic filtró una delicatessen a Reijnders, quien lanzó al lateral de la red, para más tarde marcarse un jugadón sentando a Bisseck, aunque sin culminarlo debidamente. Pudo adelantarse al 23 el conjunto de Simone Inzaghi, mediante un latigazo de Dimarco con el empeine, sin embargo, Maignan hizo magia a mano cambiada.
Ninguno de los dos quería cometer errores, y eso les llevó a sufrir cada vez que el contrario llegaba con claridad. Entonces arribaron dos jugadas al filo del descanso. Al 41, Bastoni impidió que Morata adelantara a Los Rossoneri tras el pase de la muerte a cargo de Álex Jiménez. Sin embargo, en el 45+1, nadie pudo evitar que Lautaro Martínez, después de recibir de Taremi, y pese a encontrarse un poco escorado a la derecha, llegara al centro del área, amagara, y se sacara un zurdazo al palo corto. Los Nerazzurri se marcharon al descanso dominando.
Tras el paso por los vestuarios, el Milán salió dormido, todavía pensando en el tanto encajado, suponiendo un craso error. De Vrij proporcionó un pase frontal para Taremi, que encontró un hueco perfecto para colarse entre la zaga y batir de tiro raso a Maignan en el 47. La escuadra de Simone Inzaghi parecía tenerlo todo de cara. Pero el Milán, tan herido en su orgullo como ansioso por demostrar que con Sergio Conceiçao es otro equipo, reaccionó inmediatamente, metiéndose de nuevo en la Final gracias a Theo Hernández, que batió a Sommer rematando raso y al palo corto una falta directa. Corría el minuto 52. Había partido.
No podía faltar la ironía en un choque de semejante calibre. Como era de esperar, apareció. Y es que, cuando más entonado parecía el Milán, el Inter salió vivo, sin saber entonces que la moneda le acabaría saliendo cruz. Thiaw remató mal en el segundo palo, Pulicic hizo lo propio en el corazón del área, el rostro de Bastoni impidió que Reijnders culminara un jugadón de Rafael Leao, y Sommer salvó sobre la línea el cabezazo de Morata. Para no creerlo, en ocho minutos el Milán tiró por la borda cuatro ocasiones.
Pero seguidamente, arribaron cuatro minutos en los que fue el Inter quien tuvo el título en sus botas. Tras una contra de manual, Dumfries dio el pase de la muerte desde la parte derecha a Taremi, que no pudo conectar con el esférico, perdonando el que sin duda era el tercero. Un minuto después, Lautaro Martínez, desde el interior del área y con todo a favor, remató al muñeco. Y finalmente, el incansable Dumfries centró al segundo palo, Carlos Augusto cabeceó picado, y Maignan no se tragó el balón de milagro. Se salvaban Los Rossoneri.
Y entonces, llegó el minuto 80. Cara para el Milán, cruz para el Inter. Theo Hernández cabalgó por la banda izquierda y centró raso, momento en que Pulicic cambió de marcha, anticipándose a la zaga y cruzando raso con la zurda. Los Rossoneri devolvían las tablas al electrónico. Aunque al 88 de encuentro tuvo el tercero, primero por medio de Taremi, que se topó con Thiaw yendo al suelo para evitar su remate, y acto seguido con Maignan haciéndose gigante frente a Dumfries, lo cierto es que el conjunto de Simone Inzaghi ya no tenía las ideas claras. Por contra, la escuadra de Sergio Conceiçao transmitía inspiración y energía, tratando de evitar que los penaltis se convirtieran en jueces, lo cual consiguieron asestando un golpe definitivo en el 90+3.
Tras la delicatessen que recibió por parte de Pulicic, Rafael Leao se internó en el área por la derecha y picó el balón con la clase que le define, apareciendo el último gran héroe de la Final, un Tammy Abraham que empujó a placer el regalo de reyes que le cayó. El Inter quedó ko. El AC Milán se adjudicó la Supercoppa de Italia mediante una remontada para el recuerdo, iniciando así un ciclo con pinta de prometedor, teniendo como director de orquesta a Sergio Conceiçao, cuya tarjeta de presentación no está al alcance de cualquiera.