A pesar de su pifia en el minuto 9, arreglada por el larguero al repeler el remate de Doué, iba para estrella del partido, así lo atestiguaron sus cuatro paradones a Dembélé, Kang-In Lee, Achraf Hakimi y Gonçalo Ramos, durante los minutos 21, 44, 74 y 90+1. Sin embargo, ese muro de nombre Köhn, cancerbero del Mónaco de Adi Hütter, que había mantenido su portería imbatida durante todo el encuentro, fue derribado cuando todo el Stadium 974 de Doha asumía como inevitable la tanda de penaltis.
En el 90+2, Barcola cedió para Mayulu, quien filtró de forma sensacional hacia la izquierda para que Fabián Ruiz proporcionase un pase de la muerte perfecto, y de ese modo, Dembélé anotó a placer el gol que permitió al PSG de Luis Enrique, tanto evitar que los once metros fueran jueces, como por supuesto, alzar su decimotercera Supercopa de Francia.
Ganó quien claramente más lo buscó, y por tanto lo mereció, las cosas claras. El primer tiempo fue parisino, pero Köhn acaparó buena parte del protagonismo, el larguero se entrometió en los planes de Doué, Vitinha no atinó en una falta directa y nada de lo que hizo Dembélé fue efectivo. El Mónaco solo asomó al filo del descanso, con dos lanzamientos de Akliouche y Minamino, pero en ambos Donnarumma estuvo muy seguro.
El primer cuarto de hora correspondiente al segundo acto, fue simplemente frenético. Köhn fue más rápido que Dembélé, evitando así que culminara una delicatessen de Vitinha. En la siguiente jugada, Donnarumma se lució frente a Ben Seghir. Un minuto más tarde, Doué perdonaba el primero a la media vuelta dentro del área. A continuación, Ben Seghir la puso desde la izquierda al corazón del área, Akliouche apareció como una flecha, y con escaso ángulo, lanzó al poste. Únicamente dos minutos después, Dembélé y Vitinha hicieron maravillas, apurando este último hasta la línea de fondo y dejándola atrás para que Achraf Hakimi ejecutara, pero Kehrer estuvo providencial taponando su remate. Quince minutos de locura.
Los decibelios fueron bajando, al menos en comparación con lo vivido tras el arranque de la reanudación, no obstante, era el PSG quien más voluntad transmitía, lo que no impidió que dos jugadores del Mónaco acaparasen más de un foco. Y es que, Köhn volvió a exhibir su modo muralla, y Minamino, durante el minuto 84, se dejó incomprensiblemente la pelota atrás, cuando lo tenía todo de cara para plantarse frente a Donnarumma.
Ya lo dice el famoso refrán: Hasta el rabo todo es toro. Quien más creyó en ello, fue sin duda el PSG, razón por la que cuando los penaltis estaban a punto de convertirse en los jueces de la Supercopa de Francia, la escuadra parisina derribó el muro de Mónaco en forma de guardameta. La Torre Eiffel sigue brillando en el país normando.