Liverpool y Manchester United protagonizaron en Anfield Road un clásico emocionante, eléctrico, especialmente a lo largo de una segunda mitad en la que se vieron hasta cuatro goles. El 2-2 final, decretó que los pupilos de Arne Slot todavía deben remar para asegurarse la Premier League, mientras que para el bloque de Ruben Amorim, puede suponer un antes y un después de cara a esta segunda vuelta.
Es cierto que durante el primer periodo, fue el Liverpool quien más cerca estuvo del gol. Gakpo no culminó un jugadón Red, pese a su elegante definición. Onana se lució frente al voleón de Mac Allister, que recibió de Salah, protagonista de todo un show, controlando fenomenal tras recibir en largo, y picando el esférico para asistir a su compañero. Mientras que Gravenberch, desde fuera del área, se sacó un trallazo que pasó cerca del poste derecho. El Manchester United no obstante, recordó a su rival antes del descanso que estaba vivo y coleando. Tras recibir un gran pase en profundidad por parte de Diogo Dalot, Hojlund, pese a encontrarse escorado a la izquierda, se internó en el área y lanzó, pero Alisson impuso su físico para evitar el tanto.
La segunda parte dio paso a la adrenalina. Van Dijk evitó el gol de Diogo Dalot, pero al minuto 52, nadie pudo impedir que Los Diablos Rojos hicieran diana. Lisandro Martínez cabalgó rumbo al área rival tras recuperar el balón cerca de la medular, y cedió para Bruno Fernandes, quien pese al poco espacio del que dispuso, se marcó un jugadón y asistió magistralmente al propio Lisandro Martínez, que fusiló sin pensárselo, con el balón impactando en el larguero antes de alojarse dentro. Un golazo para enmarcar que hirió el orgullo del Liverpool, que tras varias llegadas, devolvió las tablas en el 59. Mac Allister encontró a Gakpo mediante un pase en profundidad, este sentó a De Ligt recortando espectacularmente desde la zona izquierda del área, y fusiló por el palo zurdo. Otro chicharro.
Si uno es bueno, dos es aún mejor. Eso pensaron Los Reds, que tan solo once minutos más tarde, se pusieron por delante. Únicamente De Ligt sabrá qué pretendía con una mano tan descarada como absurda, pero como que un Faraón de nombre Mohamed Salah, iba a dejar pasar la oportunidad. Gol desde los once metros, pese al admirable esfuerzo de Onana. Los de Arne Slot mandaban. Sin embargo, si hablamos de orgullos heridos, el Manchester United no se quedó atrás, e insistió, hasta lograr su premio en el 80 de partido. Después de varios contragolpes fallidos, una gran jugada fue prolongada por Garnacho, que internándose por la izquierda, dio el pase de la muerte. Hojlund despistó a toda la zaga Red, y el cuero arribó a las botas de Diallo, quien definió suave con la zurda.
Lo más increíble de todo, es que el recuento de goles concluyese, pues por falta de ocasiones manifiestas no fue. Alisson se encontró con la Diosa Fortuna de cara tras un remate escorado de Bruno Fernandes, que no pudo culminar un córner en corto. Onana por su parte, puso el modo muralla, primero con cierta dificultad frente a Diogo Jota tras una contra espectacular, y a posteriori, ante Bradley, despejando un lanzamiento escorado.
Quizá el listado de goles concluyera, pero no el número de protagonistas. Faltaban dos, quienes se acordarán durante mucho tiempo de las que fallaron. En un saque de esquina, con todo a favor, Van Dijk, inexplicablemente, remató al muñeco. Se salvó el Manchester United. Sin embargo, en la última del encuentro, fue el Liverpool quien dio gracias por el fallo garrafal de Maguire, que mandó fuera un centro desde el costado diestro realizado por Zirkzee, cuando la hinchada de Los Diablos Rojos cantaba el tercero.
Al final, ni para unos ni para otros. Los de Arne Slot deberán insistir en pos de rematar la faena. Los de Ruben Amorim tendrán que hacer acopio de las cosas positivas a extraer de este último gran clásico inglés, con el objetivo de perfeccionarlo durante el resto de la temporada.