Tras una junta de accionistas históricamente ridícula, a causa de la espantada que protagonizó el consejo de administración a los diez minutos de iniciarse, escudándose en las increpancias, bien merecidas por cierto, que recibieron por parte de cientos de accionistas congregados en Mestalla, así como de grupos como Libertad VCF, y después de una rueda de prensa bochornosa, con la presidenta del club señalando a los medios de comunicación por un lado, y afirmando por otro que confían ciegamente en Rúben Baraja para revertir la situación deportiva, aparte de dejar caer que el nuevo estadio supondrá el principio de una nueva era para el valencianismo, incluso soltando con todo descaro que un hipotético descenso a Segunda División no entorpecerá los planes a corto, medio y largo plazo que tiene la entidad, queda demostrado, por si acaso restaba un grano de arena en forma de duda, lo que este Valencia CF de hoy es.
Nada menos que un régimen dictatorial, dirigido por un señor a 10.000 kilómetros de distancia, de quien dicen que siente mucho amor por el club del que es máximo accionista, cuando la realidad, es que le importa un cero patatero, de lo contrario, nunca habría cerrado el grifo económico. Mientras que por otro lado, como este 19 de Diciembre ha demostrado, pues pasará a la historia por haberle dado un nuevo significado a la palabra ridiculez, se encuentran sus muñecos de paja, conformando el consejo de administración más miserable del Planeta Fútbol. Y si existe otro peor, que se manifieste.
Se creen con personalidad a la hora de dar una rueda de prensa, cuando incluso un chimpancé se mofaría de ellos. Afirman haber actuado con sensatez huyendo a los diez minutos de una junta de accionistas, amén de colgar un comunicado oficial reprochando la falta de dignidad y civismo, como si trataran de aleccionar, ignorando que confunden sensatez con cobardía. Por no hablar de las mentiras que sueltan una y otra vez. Supongo que la conclusión más convincente, es que no se puede esperar nada bueno de semejantes títeres, y mucho menos con el hecho de haber sido colocados donde están, por un dictador cuya desidia aspira ser motivo de estudio en el futuro, respecto a lo que nunca hay que hacer, si eres máximo accionista de un club histórico.