El Chelsea continúa demostrando que, si no fuese por el Liverpool de Arne Slot, sería en estos momentos el equipo más en forma de Inglaterra. La racha que viven Los Blues, es simplemente admirable y envidiable a la par. Para pruebas concluyentes, queda el emocionante Derby londinense disputado en el Tottenham Hotspur Stadium.
Y eso que las cosas no comenzaron nada bien para el conjunto dirigido por Vincenzo Maresca, pues los de Angelos Postecoglou se pusieron 2-0 en once minutos. Solanke culminó en el 5 la jugada que originó un inoportuno resbalón de Marc Cucurella, y al 11, tras encontrar el ángulo frente a dos contrarios, Kulusevski se lució con un tiro raso pegado al palo corto.
Pero este Chelsea es de otra pasta, y lo demuestra con actos. Jadon Sancho, partiendo desde la izquierda, fue metiéndose por dentro sin nadie que lo atosigara, para inmediatamente después, sacarse un latigazo que impactó en el poste izquierdo antes de alojarse dentro. Había Derby para rato, pero en la segunda mitad, casi todos los goles se vistieron de Blue.
Cole Palmer empató al minuto 61 desde los once metros, y el propio dorsal 20 del Chelsea, se marcó un jugadón entre tres oponentes, metiéndose en el área, y llegando incluso a lanzar, lo que dio lugar a un rebote cazado por Enzo Fernández, que fusiló con la zurda cuando corría el 73 de juego. Y aún faltaba la guinda, colocada por Cole Palmer al 84, de nuevo desde el punto fatídico, transformando la pena máxima a lo Panenka.
El Tottenham Hotspur se llevó el triste consuelo de maquillar su derrota con un gran gol, que supuso el 3-4 definitivo. James Maddison sentó a Joao Félix, llegó hasta la cocina, y cedió atrás para Son Heung-Min, quien anotó el último tanto de un Derby de Londres que sirvió para que Los Blues recordaran al resto que su gran versión es fruto de un proyecto que está empezando a dar resultados. Mucho ojo a este Chelsea, porque parece que tiene bastantes cosas todavía por decir, y no solamente en la Premier League.