El Arsenal celebró a lo grande su partido número 500 en el Emirates Stadium. Los Gunners se impusieron justamente al Manchester United por 2-0, goles marcados en la segunda mitad por Jurriën Timber y William Saliba. La escuadra de Mikel Arteta puso bastante más ímpetu en llevarse el duelo que su oponente, unos Diablos Rojos que no ofrecieron argumentos suficientes para ser merecedores de arrancar algo positivo en el campo londinense.
Durante el primer periodo, fue el Arsenal quien tuvo las más claras para poder abrir el marcador, pero ni Thomas Partey al 7 de partido tras centro de Declan Rice, ni Gabriel Martinelli en el 24 después de un córner botado por Bukayo Saka, estuvieron finos en dos goles que prácticamente se cantaban. Los Diablos Rojos solamente transmitieron peligro con un lanzamiento de Diogo Dalot en el minuto 42, el cual se perdió rozando el palo. Ruben Amorim tiene motivos de sobra para preocuparse, especialmente si el Manchester United ofrece semejante propuesta ofensiva frente a los equipos de más arriba.
En la segunda mitad, de nuevo Los Gunners salieron con mayor intención de buscar la meta contraria, y en el 54 obtuvieron la recompensa por ello. Declan Rice botó un córner y Jurriën Timber cabeceó a quemarropa. Al igual que en el primer tiempo, los de Ruben Amorim únicamente inquietaron de verdad una vez, aunque De Ligt obligase a David Raya a lucirse ante su cabezazo tras la falta sacada por Bruno Fernandes. El Arsenal por contra, suponía todo un dolor de muelas para Onana y la defensa del United con los saques de esquina. Y en uno de ellos, concretamente el del minuto 73, arribó la sentencia. Bukayo Saka lo botó, Thomas Partey prolongó, y William Saliba no perdonó en boca de gol. Pudieron anotar a posteriori el tercero tanto Havertz como Mikel Merino, pero no hizo falta. Aquel diablo fue encañonado, y ejecutado.