Mucha recompensa para tan poco, ningún premio habiendo hecho mucho. Esos podrían ser perfectamente los respectivos titulares para un Inter de Milán que ganó 1-0 sin apenas crear peligro y gracias a una pena máxima, y en referencia a un Arsenal que, fue dueño tanto del partido como de la mayor parte de ocasiones presenciadas en el estadio Giuseppe Meazza, pero no le sirvió para perforar la portería contraria.
Nadie lo diría considerando los primeros quince minutos, instantes en los que el larguero se entrometió en los planes de Dumfries, y Çalhanoglu tuvo una oportunidad muy clara para inaugurar el marcador. Sin embargo, a partir de ahí, el Arsenal pasó a controlar el choque, liderado por Saka y Gabriel Martinelli, mientras que la escuadra de Simone Inzaghi tuvo que encomendarse a su guardameta, Sommer, quien lo paró todo. Hasta que al filo del descanso, en una jugada aparentemente inofensiva, Mikel Merino tocó el esférico con la mano inocentemente, el árbitro decretó que era suficiente como para señalar penalti, y Çalhanoglu no perdonó.
Durante la segunda mitad, los de Mikel Arteta se lanzaron a por un empate que, pese a dejar al Inter de Milán completamente acorralado, nunca obtuvieron. Dumfries sacó en la misma línea de gol un cabezazo de Gabriel Jesus, mientras que Havertz vio cómo Sommer respondía con un paradón a su lanzamiento destinado a convertirse en una obra de arte, y posteriormente, a Bisseck impidiendo que su remate a bocajarro supusiera la igualada. Los Gunners experimentaron la frustración y resignación que supone un gran esfuerzo en vano. Los Nerazzurri por contra, pueden considerarse unos privilegiados, pues no siempre se logra tanta recompensa realizando tan poco trabajo, al menos en lo que a la parcela ofensiva se refiere.