Absolutamente nadie en el Santiago Bernabéu se imaginaba que, después del conmovedor y maravilloso homenaje a las víctimas de la DANA, con la bandera y el himno de la Comunidad Valenciana ondeando y sonando en el santuario madridista, el AC Milán iba a coger el protagonismo en uno de los clásicos eternos de la Champions. Sin embargo, fue lo que sucedió. Los Rossoneri conquistaron el territorio de Los Blancos adueñándose completamente del balón, manejándolo a su antojo, y no soltándolo hasta el pitido final del colegiado. 1-3, y que la escuadra de Carlo Ancelotti vaya dando gracias, pues si el conjunto de Paulo Fonseca hubiese estado más certero, se hablaría en los medios sobre una humillación para la historia. En todo caso, hay algo fuera de dudas, el Milán dejó retratado a un Real Madrid que ha suspendido sus exámenes más importantes, y con pésima nota.
Cinco minutos le duró la agresividad inicial al equipo blanco, justo lo que tardaron Theo Hernández y Rafael Leao en darse cuenta del paraíso en forma de autopista que tenían por su carril, donde Fede Valverde y Lucas Vázquez fueron insultantemente superados. Caso aparte, Tchouameni. Alguien debería decirle al chaval que no da la talla para un Real Madrid, su fichaje empieza a antojarse como un error. Para la filmoteca queda su descarada negligencia en el 0-1 al 12 de partido, donde tras sacar Pulicic un córner, Thiaw remató sin oposición alguna. Respecto a las oportunidades del Real Madrid, el penalti transformado por Vinicius Jr fue una dulce ilusión, y para todo lo demás, Maignan, quien tuvo fichado a Mbappé de principio a fin. El Milán hacía lo que quería con el balón, y cada llegada suya entramaba peligro, tanto por los atacantes del conjunto Rossonero, como por el flan representante de la defensa madridista. Y en el 39, llegó lo inevitable. El despiste colectivo de Los Blancos, iniciado por Vinicius Jr, fue sencillamente vulgar, Rafael Leao lanzó, Lunin respondió con un paradón, pero nada pudo hacer frente a un Morata que cazó el rechace absolutamente solo. Comenzaba el descontento por parte del público presente en el Santiago Bernabéu, que se hizo notar al descanso.
A buen seguro, mucha gente esperaba la enésima gesta mágica por parte del Real Madrid en la reanudación, empezando por el respetable congregado en las gradas. Nada más lejos de la verdad, el guión visto durante la primera mitad, se mantuvo, e incluso creció. El AC Milán era dueño de la pelota, y por tanto del encuentro. Los Rossoneri pudieron dar carpetazo en los minutos 52 y 53, pero Lunin se hizo gigante frente a Rafael Leao, mientras que Theo Hernández no estuvo fino, y al 54, Lunin voló para sacar su remate de cabeza. Pudo también llegar el tercero en el 55, tras una contra de manual con olor a gol conducida por Pulicic, sin embargo, Rafael Leao tomó la decisión equivocada. Presenciando el repaso del Milán, que tuvo en el 69 un remate al palo hecho por Morata de espuela, al respetable se le agotó la paciencia, y los silbidos fueron cada vez más sonoros. No obstante, lo peor arribó en el minuto 73, momento en que los de Paulo Fonseca firmaron un jugadón para enmarcar. Reijnders abrió para Rafael Leao, quien superó a Lucas Vázquez igual que un adulto a un niño, para acto seguido ponerla en el corazón del área, y que Reijnders definiera por debajo de las piernas de Lunin. El guardameta madridista volvió a evitar males mayores frente a Loftus-Cheek al 87 de juego. Maignan también tuvo tiempo de mostrar su nivel una última vez, con un paradón a Brahim Díaz, ironías del fútbol, ex del Milán. Si el partido se hubiese jugado en San Siro, el festival sería mayúsculo. El Real Madrid queda muy tocado tras esta humillante derrota, no se libra ni Carlo Ancelotti. El AC Milán por su parte, recupera buena parte de su crédito gracias a un partidazo en el mejor escenario posible.