El Levante UD fue una impotente mosca atrapada en la telaraña de un Oviedo al que solo le faltó rematar la buena faena realizada en el Ciutat. Los de Orriols tuvieron un cuarto de hora inspirado, pero a partir de entonces, la bombilla empezó a fallar, hasta que prácticamente se apagó por completo. Javi Calleja le ganó la partida en los banquillos a un Julián Calero que tardó más de lo debido en realizar los cambios, y la apuesta le salió mal. Fabricio viene de una lesión, y hubiese sido mejor que jugase menos minutos por precaución, Carlos Espí careció de tiempo para actuar, y Sergio Lozano no aportó absolutamente nada. El Levante UD quedó retratado como un equipo acomplejado, con temor a encajar un gol equivalente a un mazazo irreparable, y sin rastro de su espíritu combativo. Considerando el desarrollo del partido, el punto es muy bien recibido. Por lo demás, que los jugadores se miren al espejo, porque la hinchada no se merece contemplar una actitud tan ridícula.
MACHO LEVANTE