El Levante UD se suicidó en La Romareda frente al Real Zaragoza de Víctor Fernández. Los Granotas lograron sobreponerse a un desafortunado penalti en contra y protagonizaron una primera parte en la que dejaron escapar vivo a su rival. Tras el paso por los vestuarios, incomprensiblemente, la escuadra de Julián Calero empezó a recular, en lugar de tener el espíritu del primer periodo, lo que no solamente llevó a que el Zaragoza se adueñase del choque imponiendo su superior condición física, sino a que los del Ciutat comenzaran a flaquear defensivamente y cometieran una torpeza tras otra a la hora de combinar. Las consecuencias desembocaron en la primera derrota de la temporada, por méritos del oponente, y por defectos propios muy graves que deben solventarse. Jugadores como Brugué, Pablo Martínez o Pampín, no tuvieron su noche, mientras que Dela estuvo inoperante, siendo el culpable de la jugada que dio origen al 2-1 definitivo. El Levante UD olvidó en el descanso el buen hacer que estaba protagonizando, pasó de una actitud ejemplar a otra tan nefasta como torpe, y en Segunda División eso tiene un alto coste, en caso de los Granotas, perder una oportunidad de oro para dar un golpe sobre la mesa en pos de pretender estar arriba toda la temporada. Tema aparte el físico y los saques de esquina, dos aspectos a pulir con urgencia. Toca una semana de profunda reflexión, además de continuar trabajando.
MACHO LEVANTE