Salió vivo el Levante UD de su visita al estadio Municipal de Ipurúa, pero pagando un precio muy alto sobre la bocina, recibiendo el 2-2 final cuando la victoria Granota parecía definitiva. A medio camino quedaron la genialidad de Kochorashvili para que Brugué anotase el primero del partido y la locura de jugada que inventaron Carlos Álvarez y el propio Brugué para que Iván Romero volviera a poner por delante a los de Julián Calero. La SD Eibar, equipo guerrero donde los haya, insistió hasta el último suspiro y logró nuevamente la igualada. El Levante UD optó por defender con todo las mínimas ventajas obtenidas, y fue superado en los momentos más inoportunos, al 47 y al 90+2 de encuentro. Si se tratara de ocasiones, los del Ciutat habrían sido goleados, así que desde ese punto de vista el empate es bien recibido. No obstante, resta el sabor amargo de no haber realizado un último esfuerzo de máxima concentración en pos de defender adecuadamente, y en consecuencia la sensación es que dos puntos han volado. Los de Orriols deben continuar trabajando con el propósito de cubrir ciertos agujeros todavía visibles en el bloque, porque de conseguirlo, los resultados llegarán, y más pronto que tarde.
MACHO LEVANTE