CUATRO MINUTOS MÁGICOS PARA ANULAR EL EFECTO DE LA MARSELLESA Y LLEGAR A BERLÍN

España jugará el próximo Domingo 14 de Julio su quinta final de Eurocopa en su historia, y muy merecidamente, tras pasar por encima de la austera Francia en el Fussball Arena de Múnich. Resulta bastante irónico que el combinado galo tuviese sus veinte minutos más valientes del torneo frente a La Roja. Demasiado tarde, para obras de arte con el cuero ya está una España que no se descompuso ni siquiera en el minuto 8, cuando Mbappé colgó un gran balón que Kolo Muani cabeceó, suponiendo el 0-1 para los franceses. No hay duda de que La Marsellesa tiene su efecto, y solo puede anularse con pinceladas hechas por artistas del balón. España cuenta con más de uno, entre ellos un chaval que el próximo Sábado 13 de Julio cumplirá 17 años con toda una carrera por delante, considerando que su presente ya irradia color dorado. Su nombre es Lamine Yamal, y en el minuto 21 agitó su varita mágica sacando un zurdazo con el que la pelota impactó en el poste derecho y se alojó dentro. Golazo para la filmoteca. Las tornas se igualaron, que en español significa que La Roja recuperó el control del balón, yendo más que decidida a por una remontada que consiguió cuatro minutos más tarde. Lamine Yamal combinó con Dani Olmo, este con Jesús Navas, que centró desde la derecha, Saliba despejó mal, Dani Olmo recogió el rechace, realizó un maravilloso control acomodándose para chutar con la diestra y no se lo pensó. Cierto es que el balón impactó en Koundé, pero el destino de ese lanzamiento no cambió, fue un golazo para enmarcar, España se ponía por delante. Sin embargo, lejos de conformarse con una ventaja por la mínima, el combinado de Luis de la Fuente buscó el tanto de la tranquilidad durante el resto de la primera mitad, emergiendo un Nico Williams muy vigilado por Kanté y Koundé. Tuvo trabajo la zaga francesa. En la reanudación, España quiso mantener el guión escrito a partir del empate, pero cuán cierto es que no hay victoria sin dolor. Ya fuera por casta, orgullo, necesidad, reacción o un combinado de todo ello, los galos se vinieron arriba. El esférico hablaba francés, pero los metros finales no, tanto por fallos propios como naturalmente por la implicación defensiva mostrada por La Roja. No fue la noche de Dembélé, tampoco de Mbappé y Didier Deschamps le hizo un favor a España sacando a Kanté del campo. Solamente Barcola produjo cierta inquietud por la banda izquierda, pero nada que la zaga española no supiese solventar. El esfuerzo galo fue banal y España acabó apoderándose nuevamente del balón en los últimos minutos, con Lamine Yamal cerca de marcar otro chicharro, Laporte inmenso en labores defensivas, y un Cucurella al que no frenaron ni los silbidos que recibió durante todo el encuentro. Al contrario, su enésimo partidazo los redujo. No todo fue perfecto, pues hubieron dos contratiempos, la lesión de Jesús Navas y el desafortunado golpe que Morata recibió en su rodilla diestra por parte de un guardia de seguridad que trataba de reducir a un espontáneo que saltó al verde. Cuando el torneo acabe habrá tiempo de sobra para hablar sobre una organización a la que sin duda le espera un maremoto de varapalos. Ni eso frenó a La Roja, desde ya finalista de la presente Eurocopa, y a un solo partido, el más importante, de poder ser leyenda.

Publicado por Miguel Ávalos

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