No existe ningún muro indestructible, por grande que sea puede derribarse, y España puso sobre el verde una prueba tan evidente como indiscutible. Lo de Giorgi Mamardashvili es para que se le ponga desde ya mismo en el top cinco de los mejores porteros del mundo, si es que antes no lo estaba, menudo coloso bajo el arco. También es justo aplaudir a Georgia en esta Eurocopa. Sin embargo, ni Mamardashvili ni el desafortunado autogol que Le Normand se marcó al 17 de partido impidieron que La Roja mostrase de nuevo sus credenciales en una primera parte voluntariosa y en una segunda para enmarcar. La única manera de superar la disciplina georgiana era insistir y tocar hasta encontrar los espacios donde poder hacer daño, donde Nico Williams y Lamine Yamal son letales, sin olvidar a ases como Fabián Ruiz o Rodri. A pesar de que España no lograba la profundidad deseada, siguió con el plan trazado. No obstante, La Roja fue puesta a prueba doblemente. Por si Mamardashvili no supusiera un enorme obstáculo a superar, hubo que afrontar el mazazo que supuso encajar un tanto en propia meta al 17 de partido. Incluso dio la impresión de que Georgia se lo creía en varias contras. Sin embargo, el combinado español no teme el reto de crecerse frente a las adversidades, y metió una marcha más. Hasta que en el minuto 39, tras dos lujos de Mamardashvili frente a Cucurella y Nico Williams, este último asistió a Rodri, cuya zurda puso de nuevo las tablas. Gran jugada colectiva, dicho sea de paso. Mamardashvili es un porterazo, pero se le puede batir. Con esa inyección de moral se llegó al descanso. En la reanudación, bien es cierto que hubo un buen susto, Kvaratskhelia estuvo a punto de sorprender en el minuto 48 a un Unai Simón muy adelantado. No hay mal que por bien no venga, pues a raíz de ello España se activó de nuevo y Lamine Yamal dejó su sello. Primero obligando a Mamardashvili a lucirse, y acto seguido colocando desde la derecha un balón melodioso que Fabián Ruiz se encargó de mandar al fondo de la portería con su remate de cabeza. España estaba al fin por delante, pero quería más, e hizo bien. Con Georgia aturdida y apenas inquietando, La Roja buscaba sin éxito el gol de la tranquilidad, hasta que llegó el minuto 75. Fabián Ruiz mandó un balón teledirigido a Nico Williams, quien desde la izquierda sentó a Gvelesiani y mandó el balón a la escuadra. Vaya crack este muchacho. Georgia bajó los brazos, su andadura por la Eurocopa 2024 había concluido, pero el show de La Roja no. Al 83 de partido, Oyarzabal cedió a Dani Olmo, quien se sacó un fantástico lanzamiento con la zurda logrando lo que pocos van a conseguir, dejar clavado a Mamardashvili. 4-1 y a Cuartos de Final dando una Masterclass sobre cómo debe derribarse un muro, además de dejar claras las intenciones, solo puede quedar una, y España quiere ser esa.
ASÍ SE DERRIBA UN MURO
Publicado por Miguel Ávalos
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