No hay término en élfico, lengua ent o de los hombres para describir la pestilencia a mediocridad que el Levante UD 2023-2024 ha exhibido. Un equipo equivalente a un alma en pena, sin el menor indicio de casta, orgullo, pundonor, garra, ilusión y ganas, ni la menor señal de un carnet de identidad propio. Del verdadero Levante UD, aquel con el espíritu de Máximo Décimo Meridio, un gladiador al que poco le importaba la clase de fieras con las que debía medirse dentro de cualquier coliseo perteneciente al deporte rey, pues combatía sangrando y sudando, de ese Levante UD no quedan ni las cenizas. En su lugar se ha visto un equipo que a la menor adversidad ha bajado los brazos. Solamente con el dato de no haber ganado dos partidos consecutivos en todo el curso, uno puede hacerse a la idea de la pésima voluntad que han mostrado los jugadores. Ni rastro de una de las frases más históricas del club, «el yunque de la adversidad». La actual directiva prometió el verano pasado un equipo competitivo, y en su lugar, el Ciutat ha tenido que soportar un bloque de medio pelo que a la hora de la verdad, no ha peleado nada ni por nada. Incluso si hubiese luchado por eludir el descenso, la temporada habría significado algo, pero ni eso. Hasta tal punto ha estirado el Levante UD su mediocre nivel que no hay ni un solo jugador que merezca ser salvado, todos son culpables, del primero al último. Así de miserable ha sido una temporada cuya única nota positiva es que ya ha finalizado. La afición Granota no se merece el castigo de 42 jornadas que ha debido soportar.
FELIPE MIÑAMBRES, UN CASO APARTE
«No voy a dimitir, no he hecho nada malo». Palabras textuales de este cromo en forma de director deportivo y entrenador. No, Felipe, no has hecho nada malo, no has robado un banco en San Petersburgo, ni tampoco has hackeado una gran multinacional, descuida, que de la cárcel te libras. Lo único que has hecho es tomar decisiones de mal en peor como director deportivo, y en calidad de entrenador, has llevado al equipo a un nivel de mediocridad que tira para atrás, estropeando todavía más lo que dejó Javi Calleja. Pero tranquilo, que al menos a día de hoy, no existe ninguna ley que dicte que por esos fallos debas cumplir condena. Ahora bien, me permitirás decirte que, a estas alturas, el único motivo por el que prosigues en el cargo de director deportivo del Levante UD es porque fuera del trabajo debes ser más bueno que el pan, y todos los cafés y arroces a banda correrán de tu cuenta. Si hay que hacer referencia a tus resultados en el trabajo, creo recordar que llegaste con el propósito de que el Levante UD siguiera en Primera División, y al no lograrlo, tenías el deber de contribuir a su ascenso. Elegiste a Mehdi Nafti porque te gustaba «cómo hablaba», después a Javi Calleja, quien no cumplió con el objetivo, y cuando debías prescindir de él no tuviste las partes nobles necesarias, y en lugar de eso lo echas a mitad de esta temporada, poniéndote tú como entrenador en vez de buscar un sustituto. Hablando claro, Felipe Miñambres, tus decisiones son a cada cual más chapucera. Si el club tuviese un presidente como Dios manda, tú y tus dieciocho años de experiencia os habríais ido de cabeza al paro hace muchos meses, pero son tiempos adversos en Orriols, sin duda alguna, no hay nadie en la cúpula del club con las partes nobles del Rey Leónidas y sus 300. Como diría Bárbol, no hay término en élfico, lengua ent o de los hombres para describir esta mediocridad, tanto dentro como fuera del campo. Cuánto deben cambiar las cosas para que el verdadero Levante UD resurja de las cenizas cual ave fénix, y la afición Granota vuelva disfrutar como se merece con una plantilla repleta de gladiadores que se partan el alma en cada partido. Esperemos que este verano 2024 dé su bendición, y con ella llegue la resurrección.
MACHO LEVANTE