Y cuatro veces más, porque van siete, porque el Sevilla y la UEFA Europa League tienen un matrimonio prácticamente perfecto, porque el Sevilla nunca se rinde, porque es el amo y señor de un torneo que ha hecho suyo por derecho, porque en menos de tres meses ha pasado de estar con el agua al cuello a ser equipo Champions alzando un trofeo tras salvarse casi sin despeinarse, porque José Luis Mendilibar, un entrenador y persona humilde, se lo merece, porque el Sevilla es un grande con una afición colosal. Por todas estas razones el Sevilla debe ser nombrado hasta siete veces ya.
La Final fue de aquellas en las que el equipo que pierde se vuelve a casa con la cabeza agachada, pues la ha competido hasta la misma tanda de penaltis, pero ha salido perdedor. Le sucedió a la Roma, equipo que tiene mucho mérito en el Viejo Continente, pero que no pudo repetir su hazaña en la Conference. Porque se tropezó con el peor rival posible, un Sevilla que también sudó la elástica en busca de una séptima alegría europea, y no se le escapó, porque el 0-1 de Dybala al 35 de partido no le hizo variar los planes, porque con el 1-1 de Mancini en propia meta tras una gran jugada colectiva cobró más fuerza que nunca, porque fue el que más creyó que la tanda de penaltis era evitable. Sin embargo, solamente esta podía desequilibrar un duelo así.
¿Y quién emergió como héroe cuando los penaltis salieron de entre bastidores? Un coloso bajo el arco de nombre Bono, quien no pudo hacer nada frente al penalti de Cristante, pero a partir de entonces se puso en modo muralla y exclamó que ningún otro pasaría por encima suyo. Dicho y hecho. Ocampos, Lamela, Rakitic y Montiel completaron la lista de héroes que proporcionaban al Sevilla FC la séptima página dorada en los libros del Viejo Continente. El Sevilla FC en la UEFA Europa League no se limita a ser un grande, es simple y sencillamente «El grande». Enhorabuena a todo sevillista de bien.