Y tras tantos intentos desaprovechados llegó el peor de todos, 1-2 frente al Mirandés, con la oportunidad de colocarse a un solo punto del Eibar y delante de sus fieles en el Ciutat. No hace falta decir nada más, ni siquiera merece la pena detenerse en cómo fue un partido que consistía en ganar o perder, ser digno o indigno, demostrar que tu proyecto aún late o va a la deriva. El Levante UD exhibió todo lo segundo. A estas alturas, el caso de los Granotas queda archivado, son un equipo con la brújula estropeada, al que le marea la altura y pobre de espíritu. Así no se asciende. Urge un reseteo por los cuatro costados, y si el precio a pagar es otra temporada en la categoría de plata, mire usted, que así sea. Todo pago será pequeño el día que el Levante UD resucite de verdad.
MACHO LEVANTE