Argentina estará el próximo Domingo 18 de Diciembre en la Final del Mundial de Qatar 2022, plaza que ocupará por sexta vez en su historia. Se dice pronto. La Albiceleste solamente tendrá un objetivo, equilibrar la balanza contrarrestando los fracasos de 1930, 1990 y 2014 con un triunfo que acompañe a los obtenidos en 1978 y 1986. Los pupilos de Lionel Scaloni creen ciegamente en el grupo, en su afición y en su estilo a la hora de jugar. Por el momento, mal precisamente no les ha ido considerando cómo empezaron, aunque resulta inevitable destacar de ella sus individualidades por encima del peso colectivo.
Su última víctima fue una Croacia gafada en la primera mitad y que en el segundo período fue desinflándose viendo como la montaña se le convertía en hielo. Imposible escalar para Los Kockasti de ese modo a la larga. La historia le debe una al combinado balcánico, sin embargo, con quien lamentablemente ya no podrá saldar su deuda es con Luka Modric, uno de los mejores jugadores que el Planeta Fútbol ha visto en décadas, y que hubiese merecido alzar la copa del mundo. Ya no podrá ser, pero que le quiten lo bailao.
No obstante, hay que hablar de la selección ganadora. Argentina hizo suyo el encuentro, llevándolo a su terreno cada vez más, hasta que aparecieron dos figuras clave, el extraterrestre que abandonó su planeta y galaxia para llegar a La Tierra y hacer el deporte rey de su propiedad, Leo Messi, y uno de los delanteros más de moda a lo largo y ancho del globo, Julián Álvarez. Al minuto 33 y medio, una contra fulgurante permitió al dorsal 9 plantarse delante de Livakovic, siendo derribado por el cancerbero. Ya puede el guardameta croata ser de lo mejor bajo palos en este mundial, que al que lleva el dorsal 10 en Argentina le da lo mismo, así lo demostró Messi con un magistral lanzamiento desde el punto fatídico para el 1-0.
No quiso venirse abajo Croacia, y no lo hizo, pues para eso ya estaban las contras albicelestes y ese goleador tan de moda, Julián Álvarez. De una falta favorable a Los Kockasti se pasó al área contraria con el punta argentino llevándose la bola mediante esa mezcolanza de persistencia, fe y suerte, añadiendo claro está, su acierto de cara a portería. El 2-0 subió al marcador al 39 de choque, y no lo hizo el tercero dos minutos más tarde por Livakovic. A saber la de clubes pretendientes que van a salirle al guardameta. Croacia empezaba a estar grogui…
…cosa que se confirmó en la segunda mitad. En el primer cuarto de hora, Argentina durmió magníficamente el partido, hasta que la figura de Livakovic, sin duda el mejor de los suyos a la postre, evitó que Messi se apuntara otro tanto en su cuenta. Sin embargo, por algo se etiqueta al número 69 como «la cifra perfecta», momento del partido en que se vio la jugada del mundial. Messi cogió la pelota por la derecha y utilizó para su show nada menos que a Gvardiol, quien se quedó hasta sin máscara. El dorsal 20 croata nunca olvidará aquellos instantes. Que si por un lado, que si por otro, me quedo quieto, me muevo, te dejo sentado, me voy hasta la línea entrando al área y regalo el gol a quien sé que no perdona, Julián Álvarez. Simplemente él, el marciano Leo Messi. 3-0, campana y se acabó.
El resto del partido fue un impotente ejercicio donde Croacia quiso el gol del honor y Argentina empezó a despegar paulatinamente el pie del acelerador. Lionel Scaloni aprovechó para sacar a los menos habituales como Dybala, Foyth, Correa y Palacios. Pudo hacer Argentina el cuarto por medio de un Mac Allister que puede también hacer las maletas abandonando el Brighton & Hove Albion, pues no serán pocos clubes los que le pretendan, incluyendo a la propia Premier League. Pero el castigo para Croacia ya era bastante elevado, casi tanto como la euforia de una Albiceleste que competirá por sexta vez en su historia en el partido que todos quieren jugar, y desde luego ganar. Argentina ya tiene seis, pero ahora quiere tres.