Sin identidad, arrastrándose cada día más por el verde, incapaz siquiera de empatar frente a un Racing de Santander con nueve jugadores, colándose goles en su propia portería, bajo la batuta de un entrenador cuyo crédito ha caducado en pleno 9 de Octubre, con un director deportivo cuyas decisiones estivales comienzan a convertirse en un lastre, y con un presidente que no deja de echar por tierra todo lo bueno conseguido la década pasada. Eso es el Levante UD, algo con lo que la afición de Orriols ya no se identifica.
El tiempo parece tratar de decir que a este club le conviene como el beber y comer un cambio generacional de ciclo en todos los organismos, no solo en las parcelas deportivas, también en las institucionales. Nada parece funcionar ya. Si el equipo prosigue con semejante imagen y marcha, pasará de ostentar la etiqueta de claro favorito al ascenso, a cargar sobre sus espaldas con la del descenso.
La Segunda División del fútbol español no perdona, menos todavía a quien se duerma en los laureles, pero ya no digamos nada si careces por completo de identidad. Para eso mejor recurrir directamente a la frase que sirve de titular a este artículo: No DNI, no party. Se nota que estamos en época halloweeniana, pues el Levante UD está representando cada vez mejor el papel de víctima en el prólogo de un film. Que Dios lo coja confesado.
MACHO LEVANTE